Sobre el Martirio de Hz. Fatima az-Zahra (P)

Nahyul Balagha, Discurso 202

  • News Code : 310601
  • Source : ABNA
Este es el discurso más triste que se haya recopilado nunca de Hazrat ‘Ali (P) lo dio en una ocasión muy triste de su vida: estaba sepultando a su compañera más querida en la vida, la hija del Santo Profeta (PBd) a quien amó tanto como amó a su padre. Nadie en el mundo le era más querido que ellos dos, ni su propia vida, ni siquiera sus dos famosos hijos. Estos dos seres queridos, le habían abandonado un detrás del otro, en un intervalo muy corto de tiempo. El dolor del Imam (P) era más fuerte en esa ocasión, porque Fátima (P) su querida esposa, había muerto siendo aún muy joven, con apenas veinte años. Su muerte fue de hecho, un martirio.

Este es el discurso más triste que se haya recopilado nunca de Hazrat ‘Ali (P) lo dio en una ocasión muy triste de su vida: estaba sepultando a su compañera más querida en la vida, la hija del Santo Profeta (PBd) a quien amó tanto como amó a su padre. Nadie en el mundo le era más querido que ellos dos, ni su propia vida, ni siquiera sus dos famosos hijos. Estos dos seres queridos, le habían abandonado un detrás del otro, en un intervalo muy corto de tiempo. El dolor del Imam (P) era más fuerte en esa ocasión, porque Fátima (P) su querida esposa, había muerto siendo aún muy joven, con apenas veinte años. Su muerte fue de hecho, un martirio. Mientras su casa estaba ardiendo sobre su cabeza, fue arrojada sobre la puerta en llamas, rompiéndose sus costillas y mano izquierda. Esta crueldad provocó el nacimiento prematuro y la muerte del niño que llevaba en su vientre y al final también acabó con su vida. Todo esto, sucedió antes de que trascurrieran noventa días de la muerte del Santo Profeta (PBd).

Hazrat ‘Ali (P) había intentado todo lo que pudo para evitar esta pérdida, pero se encontraba inmerso en circunstancias adversas.

Su herencia le había sido arrebatada por la fuerza e incluso, se rehusó tomar en consideración la donación. Los insultos y las heridas la mataron, y cuando Hazrat ‘Ali (P) la estaba sepultando, no pudo resistir el dolor; nadie puede realmente traducir ni describir el gran dolor que las palabras del Imam (P) llevaban:

¡Oh Profeta de Dios! Por favor, acepta mis “salams” acepta mis salams y los de tu hija, que está siendo sepultada no muy lejos de ti y que habrá de reunirse contigo enseguida. ¡Oh Mensajero elegido! La muerte de tu querida hija me ha dejadoen la soledad y sin paciencia. He perdido mi autocontrol y mi capacidad de sufrimiento. Tras haber sufrido tu separación, habré de hacer frente a esta catástrofe.

¡Oh Profeta de Dios! Te deposité en la tumba con mis propias manos, tu Alma dejó tu cuerpo mientras estabas descansando en mi pecho y tu cabeza yacía entre mi cuello y mi corazón.

«Ciertamente a Dios pertenecemos y hacia Él es nuestro retorno» Corán (2:156)

Tu depósito -tu hija- que me fue confiado, me ha sido arrebatado. El pesar habita ahora en mí y la felicidad me ha abandonado. Esta aflicción es tan abrumadora que traga y engulle a otras penas, y me ha dejado con noches insomnes y días sin alegría. De ahora en adelante, mi vida será una continua congoja hasta que Dios me reúna con vosotros dos en el Reino de Su Favor y Paz.

¡Oh Mensajero de Dios! Tu querida hija te informará cómo se han comportado hacia ella tus seguidores y cómo la han mal tratado. Por favor, pregúntale los detalles de todo lo que ha ocurrido durante tan corto periodo de tiempo tras tu partida hacia el Paraíso. Este periodo tras de ti fue tan corto, que la gente se encuentra en luto todavía y hablan todo acerca de ti.

Por favor, aceptad vosotros dos mi adiós y mis salams de despedida. Es el deseo del sincero corazón que os ha amado y os amará siempre, un corazón que estimará y llevará vuestro amado y tierno recuerdo hasta su tumba. ¡Adiós Oh hija del Mensajero elegido de Dios! Que descanses al obtener la paz que la humanidad te rehusó en este mundo. Si dejo tu tumba para ir a mi lugar, no es porque esté cansado de tu compañía, ojalá la tuviera hasta el final de mi vida, y si hiciera una morada permanente sobre tu tumba, no será porque dude de las recompensas que Dios Ha reservado para aquellos que soportan pacientemente las penas. ¡Adiós! Que la paz y la bendición de Dios sean contigo.

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