NAHYUL BALAGHA – IMAM ALÍ (P)

“El Imam Alí (P) Critica a Aquellos que Adoran a sus Antepasados Muertos”

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  • Source : Nahyul Balagha
Brief

QOM. (ABNA) –En el discurso 221 de la obra Nahyul Balagha el Imam Alí (P) habla sobre ciertas costumbres de los tiempos preislámicos.

En los tiempos preislámicos estuvo muy en boga la adoración de los antepasados en todas las naciones del mundo. Entre los grandes reyes politeístas y poderosos tiranos, los filósofos, las mujeres hermosas e incluso los cantantes eran elevados a la categoría de deidades y de este modo se añadían nuevos monarcas al panteón ya existente de dioses. En donde esto no era posible, la gente glorificaba a menudo a los cabezas de sus familias, tribus y clanes, elogiando sus acciones en canciones y baladas que se pagaban a los pardos para que las memorizaran y las cantaran. Además, los clanes se reunían a menudo para jactarse de sus antepasados y sus acciones. Estas acciones fueron llamadas mufayerah las que comúnmente terminaban en guerras tribales.

El Santo Profeta (Bpd) había intentado detener estas prácticas. El Corán contiene también mucho que decir contra ello, el Imam Alí (P) en este discurso, repitiendo un versículo del Sagrado Corán, llamó la atención de la gente hacia la futilidad y falta de fundamento de la jactancia. Describió lúcidamente como terminaron sus vidas las personas poderosas, como se encontraron impotentes en las garras de la muerte y que había sucedido con sus cuerpos, propiedades, palacios e incluso las tumbas después de ellos.

En lugar de elevarlos a la categoría de un dios, qué malamente fueron tratados sus cuerpos por la tierra y las hordas de insectos que alberga. Este discurso es una penosa lectura, pero sirve para abrir los ojos. Estimula la mente a darse cuenta sobre qué vano es y sin fundamento las glorias que tanto deseamos obtener. Hay un pasaje en el Sagrado Corán:


«El afán de lucro os distrae, hasta la hora de la muerte. ¡No! Ya veréis, ¡No y no! Ya veréis...»
(102:1-4)

El Imam Alí (P) dio este discurso comentando este pasaje:

Simplemente mirad, pensad y tomad una lección de aquella gente que se jacta de sus antepasados muertos. ¡Qué acción tan irracional y necia!

Quienes se vanaglorian de sus muertos, o que van a las tumbas de sus antepasados simplemente como señal de reverencia hacia sus muertos, son sin embargo muy indiferentes hacia la propia muerte. No se dan cuenta de qué difícil es la tarea que tienen ante ellos. Han olvidado que las vidas y muertes de esos difuntos llevan lecciones y advertencias para ellos e intentan recordar sólo las vidas y las acciones que son buenas para vanagloriarse y jactarse de ellas. Se enorgullecen de la gloria de sus antepasados y cuan mayor es el número de antepasados pueden citar, más grande es su vanidad y su orgullo.

Sienten que la superioridad numérica de sus ancestros les colocará en una posición relevante, social, moral y mentalmente. Quisieran devolver a sus muertos a la vida y ver a esos cuerpos muertos (imposible) repitiendo aquellas grandes acciones cuando tenían vida.

¿No pueden darse cuenta de que las vidas de esas personas muertas merecen más servir de ejemplos de advertencia y lección histórica, que minaretes de luz de los cuales sentirse orgullosos?

Es mejor dar a su memoria el lugar que se merece, que ensalzarles innecesariamente. Las visiones apagadas y confusas les han hecho ver grandes cosas en sus antepasados y así, en lugar de mejorar su mente a favor de su propia vida, comenzaron a adorar a sus antepasados.

Sólo con que preguntaran a las casas que dejaron vacías esas gentes muertas (investigando cuidadosamente los hechos de vida de aquella gente) se hubieran enterado sobre que necedad e ignorancia extrema aquella gente hubo transcurrido en vida; y cómo, tristemente, sus descendientes intentan seguirles paso a paso.

Si aquella gente que se vanagloria tanto acerca de sus antepasados y vosotros también tomáis en consideración y cuidadosamente a la sociedad humana, veríais que a menudo y sin saberlo, pisoteáis los cráneos de vuestros antepasados, levantáis muchas veces casas sobre el terreno de sus cementerios, disfrutáis habitualmente de la riqueza y propiedad que os han dejado y ocupáis las casas que ellos abandonaron. Incluso, los días transcurridos entre ellos y vosotros, gimen por vuestra ignorancia y terquedad.

Quienes se han ido antes que vosotros, han alcanzado antes que vosotros su destino, a pesar de que tanto les recordáis y con gran orgullo. Fueron gente que una vez inspiró respeto, controló el poder y manejó la riqueza, incluso algunos de ellos pudieron ser reyes, mientras que otros pudieron haber obtenido puestos de rango y poder.

Pero ¿en dónde están ahora? Están pasando a través de la profundidad del Barzaj (dimensión intermedia entre la muerte y la resurrección) la mismísima tierra sobre la que una vez caminaron, se está escondiendo: ha chupado su sangre y ha comido su carne y su médula. Habiendo perdido su capacidad de crecer y desarrollarse, yacen en tumbas como fósiles, entre piedras. Han desaparecido tan radicalmente de entre las personas vivas, que no se les puede encontrar por mucho que se les busque. En su condición, los infortunios terribles no pueden asustarles ahora y los cambios de circunstancias no les preocupan. Incluso los terremotos que sacuden sus tumbas o echan sus cuerpos fuera de las mismas, no les preocupan, ni la caída de rayos les afecta. Están tan ausentes que nadie les espera y su mismísima existencia no puede ser percibida.

Alguna vez tuvieron sus propios compañeros, pero ahora, se han separado unos de otros. También se amaron unos con otros, pero ese amor ha desaparecido; su indiferencia hacia lo que les rodea y su quietud no se deben meramente al paso del tiempo, tampoco a la distancia del lugar, sino al hecho de que la tierra les ha hecho beber una copa que les ha vuelto sordos y mudos, que les ha arrebatado el habla y ha convertido su capacidad de sentir y moverse, en insensibilidad e inmovilidad, una condición que se asemeja a personas que duermen profundamente.

Son vecinos que nunca se visitan unos a otros, son amigos que nunca se reúnen. Sus relaciones sociales y su hermandad se terminaron. Qué próximos están unos a otros en sus tumbas y sin embargo, qué apartados.

Qué cercanos estaban unos a otros cuando estaban con vida -madres, hijos, padres, hermanos) y sin embargo, vean cómo están ahora. Los días y las noches no suponen ninguna diferencia para ellos y la luz o la oscuridad no les afectan.

Los que fueron buenos y virtuosos en esta vida tendrán la luminosidad perpetua de la Luz Divina y, los que fueron perversos y viciosos, oscuridad y tinieblas eternas serán su destino. Vieron los horrores del próximo mundo y los encontraron más horribles que los que habían visto en vida. Vieron también las bendiciones y favores reservadas para los buenos y piadosos, y encontraron que eran mucho mejores que los que habían podio imaginar, porque los castigos y las recompensas que están reservados a la gente mala o buena, sobrepasan y trascienden con mucho la imaginación e ideas que la mente humana pueda hacerse. Incluso, si tuvieran la capacidad de hablar, no encontrarían palabras para describir lo que vieron y sintieron.

Aunque ya no estén entre vosotros -e incluso sus señales y reliquias han desaparecido- sin embargo, las mentes ayudadas por una correcta imaginación y visión verdadera, pueden verles y oírles. No hablan con voces en ningún lenguaje conocido, pero hablan y dicen:

“Nuestras caras sonrientes han sido deformadas en melancólicas risas de mandíbulas abiertas y desnudas; de nuestros suaves y delicados cuerpos, no quedan sino huesos podridos. Nuestros sudarios se han convertido en andrajos, y estamos obligados a permanecer confinados en estas tumbas.

Hemos recibido unos de otros, la herencia del horror y la soledad. Incluso nuestras silenciosas moradas, se están desmoronando sobre nosotros, junto con nuestros cuerpos, nuestras personalidades se han convertido en polvo también. Nuestra estancia en estas tumbas, será de muy larga duración y no tenemos la capacidad de librarnos o salir de ellas. Si examináis en nuestras tumbas, se presentará ante vuestros ojos, una visión que será suficiente para daros una lección acerca del final de la vida. Veréis que los gusanos nos han comido los ojos y las orejas, y que nuestras cuencas están llenas de polvo. Que nuestras lenguas se han podrido, nuestros corazones han sido comidos, que todos y cada uno de los miembros de nuestro cuerpo se ha convertido en alimento de animales e insectos, y que ni estamos en situación de evitar cualquier desgracia que caiga sobre nuestros cuerpos, ni hay nadie que venga en nuestra ayuda ni se sienta apenado por nuestra condición”.

Esto es lo que os dicen sus tumbas y sus esqueletos. Sólo con que pudierais ver con los ojos de vuestra mente, os daríais cuenta de su triste condición; cómo sus cuerpos que alguna vez vivían, tenían movimiento, sonreían o lloraban, se han vuelto polvo. Cómo su condición actual es inmodificable, cómo les es imposible volver a andar el camino desde esa triste condición y cómo, la naturaleza en tales casos tiene una sola dirección y sin retorno. Aprenderíais entonces, como esta tierra se ha tragado a todos sus poderosos reyes y altivas reinas. Personas que durante su tiempo de gloria mundana no supieron si había o no tales cosas como pesares y decepciones, fueron gente que siempre ahogó sus penas y preocupaciones en relucientes copas, en diversiones y nuevos placeres y pasatiempos. Y, durante todo el tiempo, su único objetivo en la vida fue encontrarse con nuevos gozos y nuevas fuentes de riqueza con que costear tales gozos. Estaban felices y satisfechos con el mundo y el mundo, estaba atareado entreteniéndoles cuando repentinamente, la vida cambió su actitud; su poder y gloria desaparecieron y se encontraron a sí mismos aproximándose a la muerte. Se enfrentaron a dolores, ansiedades y temores que eran nuevos para ellos.

Su salud cedió a diferentes enfermedades. Para evitar la muerte que se les aproximó, tomaron aquellas medicinas a las que estaban acostumbrados y que siempre les había mantenido a flote y en buen estado. Pero aquellas medicinas que algunas veces se mostraron tan eficaces, no solamente fallaron en ayudarles en aquella situación, sino que actuaron de modo contrario e incrementaron las afecciones que se suponía debían curar.

De ese modo, comenzó y continuó una lucha en los tratamientos y las enfermedades triunfaron como si los tratamientos estuvieran destinados a realzarlas y hasta que el médico se dio cuenta que el arte de la medicina, no podía ayudarles más. Los sirvientes, cansándose, comenzaban a comportarse negligentemente. Las enfermeras y los criados estaban tan cansados y disgustados que incluso ni describían la situación del paciente si alguien se lo preguntaba: también mantenían al paciente en la ignorancia acerca de su propio estado. No estaban de acuerdo entre ellos, algunos de ellos sostenían la opinión de que el estado del paciente podía ser serio, pero que estaba pasando a través de una crisis y que podía recuperarse, mientras que otros sostenían que se estaba hundiendo rápidamente y que no podría recuperarse, que su muerte era cuestión de un día o unas pocas horas y a continuación, intentaban consolarse unos a otros.

Y todo el tiempo en el que aquel paciente se agitaba entre la vida y la muerte, sentía que había de separarse de sus parientes y amigos. Sentía que se estaba ahogando, sólo podía respirar entrecortadamente y su boca se secaba rápidamente. Podía oírles hablando y lamentándose de él. Algunos aquellos que se lamentaban, eran sus parientes más queridos y otros eran a quienes él respetaba. Deseaba responderles, decirles algunas palabras cariñosas, o frases respetables, decirles algunas cosas importantes, pero no podía: su lengua y sus labios se negaban a articular palabras, y su garganta no podía a pasar el aire o llevar la voz. Así, llegó el final. Desde luego, las punzadas de la muerte son severas y su agonía no puede ser descrita ni imaginada.


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