NAHYUL BALAGHA – IMAM ALÍ (P)

“Los Atributos de la Piedad”

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  • Source : Nahyul Balagha
Brief

QOM. (ABNA) – El discurso 193 de la obra Nahyul Balagha es uno de los famosos discursos del Imam Alí (P) en donde habló respecto a los atributos de la piedad. Describe las cualidades de personas piadosas y temerosas de Dios.

La mayoría de los discursos de Imam Alí (P) tratan de este tema, pero este discurso tiene dos peculiaridades: la primera es que Imam Alí (P) ha explicado lo que realmente significa la piedad y qué clase de hombres son gente piadosa, dando gráficos detalles de sus formas de vida, de pensar, de rezar y de trato con otros hombres. La segunda, es una triste historia unida a este discurso.

La triste historia se refiere a Hamam, que fue uno de los compañeros del Imam Alí (P) un hombre muy piadoso y temeroso de Dios. Una vez, pidió a Imam Alí (P) que explicara por extenso las cualidades de las personas piadosas.

Quería que la explicación fuera tan viva que pudiera ver con el ojo de su mente la imagen de un hombre piadoso. Imam Alí (P) sabía que Hamam tenían un corazón tierno y no estaba dispuesto a explicar la piedad en la forma en que Hamam había pedido y, evadiendo el tema, respondió: “¡Hamam! Teme a Dios y haz buenas acciones. Recuerda que Dios siempre Es un compañero de la gente buena y piadosa” Pero Hamam no se mostró satisfecho con esta respuesta y quiso que Imam Alí (P) dijera algo más. Le presionó tanto y fueron tantos lo que se le unieron y secundaron su petición que Imam Alí (P) a desgana, dio el discurso que sigue. Y como Imam Alí (P) temía el efecto de este discurso, se reveló fatal para Hamam, antes de terminarlo, murió.

Tras Alabar a Dios y rezarle para que bendijera al Santo Profeta (Bpd) expresó: Cuando Dios creó a la humanidad, no tenía necesidad de su obediencia y oraciones. Ni le preocupaba su desobediencia porque la desobediencia e insubordinación de los hombres no puede dañarle y, de modo similar, la obediencia de la gente obediente no puede hacerle ningún bien. Está más allá del alcance del perjuicio o del beneficio. Tras crear al hombre, Destinó para él la variedad de alimentos que su cuerpo habría de absorber y asimilar y los lugares más apropiados para vivir y propagarse. De entre los seres humanos, son excelentes aquellos que son piadosos y temen a Dios. Poseen preeminencia y excelencia porque siempre dicen la verdad, de modo correcto y preciso; su forma de vida está basada en la moderación y su forma de tratar con los hombres está basada en la buena voluntad, sentimientos de camaradería y cortesía hacia ellos. Se rehúsan a hacer o tomar las cosas prohibidas por Dios. Concentran sus mentes en el conocimiento de cosas que les traigan gozo eterno. Soportan los sufrimientos y calamidades tan felizmente como los placeres y el bienestar.

Si Dios no hubiera fijado el término de vida que les corresponde a cada uno de ellos, sus almas, deseosas de alcanzar Su Paraíso y por miedo a caer en Su Desagrado, no habían permanecido mucho tiempo en sus cuerpos.

Han visualizado mentalmente la Gloria de Dios, de tal modo, que nada en este mundo los alarma, asusta o atemoriza por encima de Él. Todo lo que no sea Su Fuerza aparece ante ellos como insignificante y humilde. Creen en el Paraíso y sus Bendiciones como alguien que hubiese estado allí, y hubiera visto todo respecto al Paraíso con sus propios ojos. De modo similar, su fe en la existencia del Infierno, es tan fuerte como la de una persona que ha pasado por sus sufrimientos. Piensan que los tormentos del Infierno están a su alrededor y muy cerca de ellos.

Los hábitos de la gente del mundo los entristece. No hacen daño a nadie. No les engorda el excesivo comer o andan en pos de placeres. Sus deseos son limitados, sus anhelos pocos. Han aceptado pacientemente las adversidades y sufrimientos de esta vida mortal y transitoria, por la causa del gozo eterno que, por la gracia de Dios, se les ha revelado como una transacción muy provechosa.

El mundo vicioso deseaba su camaradería, pero ellos apartaron sus rostros de él. Quería atraparles, pero ellos, voluntariamente, aceptaron todas las penalidades y problemas para librarse de sus garras.

Pasan sus noches estudiando cuidadosamente el Corán, porque lamentan sus propias debilidades y defectos e intentan encontrar la manera de que este Libro Sagrado mejore sus mentes. Cuando, estudiando el Corán, se encuentran con un pasaje que describe el Paraíso, se sienten muy atraídos hacia allí y desarrollan un deseo tan grande de alcanzarlo, que lo visualizan en sus mentes, con todas sus bendiciones, mientras que, un pasaje acerca del Infierno, los atemoriza y les hace sentir como si estuvieran viendo el furioso fuego y las quejas y lamentos de aquellos que están sufriendo las torturas del mismo.

Pasan sus noches rezando al Señor, pidiendo e implorándole que Les libre del Infierno. Los días les encuentran ocupados con trabajos que indican claramente su sabiduría, profundidad de conocimiento, virtud y piedad. El ayuno constante, la dieta simple, el evitar todo lujo y el duro trabajo habitual, les hace parecer delgados y ojerosos, pero tienen una salud muy buena y robusta. Cuando la gente les oye discutir los diferentes problemas de la vida a menudo los toman por caprichosos, fanáticos, e incluso un poco tontos. Pero no es así. Parecen confundidos e infelices porque no están satisfechos con la cantidad y calidad del trabajo que han hecho por la causa de la Religión y la humanidad. Cuanto más trabajan, menos satisfechos se sienten. Habiéndose marcado una elevada pauta de actividad en su trabajo, temen que las dolencias puedan imposibilitarles alcanzar tales alturas.

Si alguno de ellos, es alabado por su piedad, virtud y buenas acciones que ha realizado, no le gusta que le elogien de ese modo; teme que tal alabanza pueda atraerle hacia la vanidad. La adulación y vanagloria dice: “conozco y mi trabajo más que otros, y Dios los conoce mucho mejor que yo. ¡Oh Señor! No me Hagas responsable de lo que han dicho acerca de mí. Sabes muy bien que yo no estimulé sus alabanzas. Por favor, Señor, concédeme mucha mayor excelencia que aquello por lo que me elogiaron. Y Señor, por favor, perdona aquellos de mis pecados y defectos que ellos no conocen”

Debéis saber que toda persona piadosa, posee los siguientes atributos: Es firme en su fe, es resuelto aunque amable y de corazón noble. No vacila en sus consideraciones y creencias, anhela obtener conocimiento y sabiduría, perdona a quienes le hacen daño conociendo perfectamente que le han perjudicado. Incluso cuando posee riqueza, su forma de vida está basada en la moderación, sus oraciones son modelo de humildad y sometimiento a Dios. Incluso, cuando pasa hambre, mantendrá su propio respeto.

Soportará pacientemente los sufrimientos. Echará solamente mano de medios de vida honestos. Le agrada conducir a otros hacia la verdad y la justicia. Desdeña la codicia y la avaricia. Aunque no haga continuamente buenas acciones, sin embargo, se siente preocupado por sus defectos.

Todas las noches da gracias a Dios por haber pasado un día más por Su Gracia y Misericordia. La mañana lo encuentra comenzando el día con
las oraciones y alabanzas al Señor. Por la noche, se muestra cauto de no desperdiciar ociosamente esas horas en placeres y bienestar. Comienza feliz el día con el pensamiento de que el Señor le Ha dado otro día para hacer sus deberes. Si su mente desea lago mundano e impío, rehúsa obedecer sus dictados. Su deseo es conseguir gozo eterno. Los placeres mundanos no le interesan, su sabiduría está mezclada con paciencia.

Sus acciones hacen honor a sus palabras -hace lo que dice- los desordenados deseos no le perturban. Es cortés hacia los demás. Posee una mente resignada, como poco -no es un glotón- no hace daño a nadie. Es fácil de agradar, es fuerte en su fe. Sus pasiones están muertas.

Su temperamento está controlado. La gente espera el bien de él y se consideran libres de que les hiciera algún mal. Incluso si se encuentra entre gente atea, su nombre será escrito en la lista de las personas devotas, si está en compañía de aquellos que recuerdan siempre a Dios, su nombre, naturalmente, será incluido entre aquellos que no Le olvidan. Perdona a quienes le han hecho daño. Ayuda a quienes le han abandonado y han rehusado ayudarle. Es amable hacia quienes han sido crueles con él.
Hace el bien a aquellos que le hacen mal. No se complace nunca en vanas charlas. No tiene vicios y sus cualidades son muy notables, prominentes y dignas de atención.

Cuando hace frente a peligros y desastres se muestra tranquilo. Es paciente y esperanzado en los sufrimientos y las calamidades. Es agradecido a
Dios en la prosperidad. No haría daño a su peor enemigo. No cometerá nunca un pecado ni siquiera por su mejor amigo. Antes de que alguien dé testimonio de una falta suya, la acepta y la admite. No se apodera nunca injustamente de nada que le ha sido confiado. Nunca olvida lo que se le ha dicho. No calumnia a nadie. No hace daño a sus vecinos, cuando acontece infortunio a alguien, no le echa la culpa y no es feliz por la pérdida de otros.

Ni se extravía del camino recto, ni sigue uno equivocado. Su silencio no indica morosidad, ni su risa es alta y jactanciosa. Soporta pacientemente la persecución y Dios Castiga a su opresor. Es duro consigo mismo y muy blando con los demás. Soporta las dificultades de esta vida para alcanzar la paz y el bienestar eternos. Nunca perjudica a su prójimo. Si evita a alguna persona, es para conservar su piedad y rectitud.

Si establece contacto con alguien, es por su bondad y clemencia. No evita a nadie por causa del orgullo o vanidad, ni se mezcla con otros con ocultos motivos de hipocresía, ruindad y vileza.

Dice le narrador que Hamam estaba escuchando muy atentamente el discurso y que cuando Imam Alí (P) llegó al pasaje arriba descrito, Hamam se desvaneció y murió. Viendo esto, Imam Alí (P) dijo:
¡Por Dios! Dudé en explicar todo esto a Hamam precisamente por esta
razón. El consejo efi caz produce a menudo resultados similares en las
mentes dispuestas a aceptarlos.

Ibd bin Kuwaa, que después se convirtió en un jariyita y acérrimo enemigo
de Imam Alí (P) tras escuchar la observación de Imam Alí (P) dijo: “¿Por qué no actuó sobre ti este conocimiento del mismo modo que lo hizo sobre Hamam?”. Imam Alí (P) replicó:

Ciertamente la muerte es inevitable, a cada persona le ha sido fijado el momento de su muerte, nadie puede sobrepasarlo y es siempre una causa aparente para ella. Sabes que fue el Shaytán quien te hizo hacerme tal pregunta. Intenta no aceptar sus insinuaciones en el futuro.



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