Ali Mushaima

«Occidente Conspira contra Bahréin Mientras Explota Siria»

MANAMA, Bahréin. (ABNA) — “[...] Los intereses de Riad están estrechamente relacionados con los de Occidente. Ningún levantamiento de los que comenzaron durante la “Primavera Árabe” podrá alcanzar sus objetivos con el apoyo de partidarios de esa calaña, pues, esencialmente, esos mismos regímenes están apostando en su contra”.

Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) — “Si necesitas algo, háztelo tú mismo”. Este dicho describe a la perfección lo que muchos oprimidos y esclavizados de la región están haciendo para sublevarse contra sus regímenes represivos.

Estas gentes han vivido muchos años de humillación, de privaciones y de discriminación, y han estado sujetos además a torturas y malos tratos por parte de gobernantes tiranos que a menudo han contado con el apoyo y la protección de las grandes potencias internacionales. Muammar Gaddafi se hizo amigo íntimo de dirigentes occidentales y Hosni Mubarak estaba considerado como un sabio gobernante.

Pero tan pronto como esto cambió —gracias a la revolución y la firme voluntad de los pueblos— “los que fueron seguidos renegaron de quienes les siguieron, luego padecieron el tormento, y todas sus relaciones se cortaron”, como reza el Corán.

Las mismas potencias internacionales que ahora se presentan a sí mismas como patrocinadoras y partidarias del derecho a la autodeterminación y de la democracia, proporcionan hombres y materiales para esos nobles objetivos a la vez que mantienen sus viejas costumbres de apoyar a algunos de los regímenes más reaccionarios y oscurantistas del mundo: las familias gobernantes de Arabia Saudí y Bahréin.

Los acontecimientos en Siria dan prueba de ello. Si un observador analizara la posición de Occidente en la crisis siria desde la perspectiva de un bahreiní, vería con sus propios ojos cómo las actitudes occidentales difieren bajo una misma situación: actúan aquí y se callan allá.

A continuación se presentan seis hechos importantes a considerar respecto a la posición occidental sobre Siria y Bahréin y el futuro de los pueblos y de los regímenes de ambos países en medio de la duplicidad y el doble rasero occidental.

1. En primer lugar, en Siria, los gobiernos occidentales presionan al régimen sirio en todos los ámbitos supuestamente en apoyo a la democracia y a los oprimidos. De manera que el régimen sirio se encuentra atrapado en un enfrentamiento con la comunidad internacional que repite hasta la náusea consignas sobre la libertad y los derechos humanos.

Mientras, en Bahréin, las potencias internacionales luchan contra el pueblo y no contra el régimen. Sus dirigentes políticos rara vez condenan, denuncian o rechazan las prácticas de los Al-Jalifa contra el pueblo de Bahréin. Por el contrario, se dice muy a menudo que el régimen de los Al-Jalifa es un aliado estratégico que debe ser protegido a toda costa.

2. En segundo lugar, para los líderes políticos occidentales todo está justificado en aras de imponer la democracia en Siria. Por esa razón, a fin de alcanzar ese objetivo se legitima totalmente la insurrección armada y para ello se proporcionan fácilmente apoyo logístico e iniciativas encaminadas a imponer una zona de exclusión aérea o incluso a intervenir militarmente para ayudar al pueblo sirio.

Mientras tanto, en Bahréin, uno de los mayores tabúes del pueblo indefenso es resistir, quemar llantas, tirar piedras o lanzar cócteles molotov. Cada vez que un representante estadounidense o británico visita Bahréin, (él o ella) condena la violencia, exige que la oposición haga lo mismo e incluso expresa su apoyo a las medidas de seguridad del régimen en nombre de la estabilidad.

Tales medidas incluyen, cotidianamente, redadas contra las casas, detención de menores, agresiones contra mujeres, violaciones de lugares sagrados, establecimiento de controles, tortura, la naturalización de los extranjeros que trabajan para las fuerzas de seguridad, la expulsión de estudiantes y empleados, y el enjuiciamiento de militantes y de miembros de la oposición.

En última instancia, el objetivo que subyace en todos estos abusos contra un pueblo indefenso es proteger al régimen dictatorial de la camarilla gobernante de los Al-Jalifa.

3. En tercer lugar, en Siria el ejército está completamente integrado por ciudadanos del propio país que se enfrentan a rebeldes y militantes armados procedentes de varios países árabes e islámicos para luchar en territorio sirio.

En Bahréin, la represión la llevan a cabo agentes de seguridad y del ejército de los Al-Jalifa, los cuales están integrados mayoritariamente por mercenarios naturalizados, muchos de los cuales ni siquiera hablan árabe. Llevan a cabo su campaña de represión con la protección de un ejército extranjero —el saudí— y ante la supervisión de la V Flota de Estados Unidos instalada en esta pequeña isla-nación.

Peor aún, las fuerzas de seguridad de los Al-Jalifa están abiertamente dirigidas por oficiales de inteligencia británicos y estadounidenses como John Yates y Timothy John.

4. En cuarto lugar, en el caso de Siria, Occidente está evitando cualquier acuerdo, diálogo o compromiso político con el régimen sirio porque ello sería incompatible con su objetivo declarado de derrocar el régimen y liberar el país.

En Bahréin, la comunidad internacional ejerce un montón de presión sobre la oposición para obligarla a entablar un diálogo condicionado y unilateral con la intención de mantener al actual primer ministro Al-Jalifa en el mismo puesto que ocupa desde hace más de 40 años. Ello se hace mientras los asesinos y torturadores retienen en la cárcel sin juicio a figuras clave de la oposición y toda la violencia que se ha perpetrado queda impune.

Este diálogo condicionado implicaría permitir que el ejército saudí permaneciera [en Bahréin] como ejército de ocupación para proteger a la dictadura de Bahréin.

Occidente también ha colmado de elogios al régimen de Bahréin por haber establecido una comisión de investigación que acabó produciendo un ambiguo informe que prácticamente exoneraba a la familia gobernante.

En Siria, la misión de observadores de Naciones Unidas y la iniciativa del enviado internacional, Kofi Annan, no han podido lograr ningún avance. Probablemente tampoco a Lajdar Brahimi le vaya mucho mejor que a su predecesor.

5. En quinto lugar, en comparación con otros países de la “Primavera Árabe” es en el levantamiento de Bahréin donde participa la mayor proporción de población. La oposición ha sido violentamente reprimida a pesar de que desde que se iniciaran las revueltas el 14 de febrero de 2011 se han mantenido en gran medida pacíficas, como lo atestiguan todas las agencias de noticias internacionales sin excepción.

La ironía es que cuando se trata de Siria los regímenes más dictatoriales, represivos y corruptos, según los cánones occidentales, se sitúan en los primeros puestos de la lista de países que apoyan el derecho del pueblo sirio a la autodeterminación.

Arabia Saudí ocupa Bahréin para proteger su régimen dictatorial pero envía sus efectivos militares a la frontera con Siria y apoya la rebelión armada para imponer allí la democracia. Las víctimas en ambos países son los pueblos.

6. Por último, en Siria, hay una guerra de poder que se libra entre las fuerzas opuestas a las políticas occidentales y estadounidenses —liderado por Irán y Rusia— y las de Estados Unidos y sus aliados, tanto occidentales como del mundo árabe. Esta guerra se sirve de la sangre y de las vidas sirias como forraje y se alimenta del dinero del petróleo del Golfo.

Bahréin también está atrapado en una lucha geopolítica. Pero la diferencia es que la isla no tiene fronteras a las que puedan acudir sus partidarios, ni hacer contrabando de armas que la población local pueda utilizar para defenderse. No hay bases militares, salvo las que están en manos del régimen de Al-Jalifa con el apoyo de los ejércitos extranjeros.

Occidente percibe su inconsistente posición hacia los dos levantamientos como sensato creyendo que su enfoque ayuda a generar el tipo de estabilidad que favorece su dominio en la región.

No es sólo a Siria —que limita con la Palestina ocupada— y a Bahréin —situado en el corazón de las monarquías del Golfo y junto a Irán— a lo que Occidente está apuntando. La conspiración atenta contra todos los pueblos árabes a manos de unas potencias occidentales que se sirven de medios y métodos diferentes y proporcionales a la importancia estratégica y económica de cada país.

En cuanto a los regímenes reaccionarios de la región, únicamente apoyan esos levantamientos con vistas a contenerlos o eliminarlos bajo el pretexto de protegerlos, por dos razones principales:

En primer lugar, a un régimen como el saudí le horroriza la perspectiva de que esos levantamientos se extiendan a su territorio. Y en segundo lugar, los fundamentos del régimen saudí se construyeron con el respaldo y la cobertura occidental y no popular ni religiosa como nos quieren hacer creer.

Por esa razón, los intereses de Riad están estrechamente relacionados con los de Occidente. Ningún levantamiento de los que comenzaron durante la “Primavera Árabe” podrá alcanzar sus objetivos con el apoyo de partidarios de esa calaña, pues, esencialmente, esos mismos regímenes están apostando en su contra.

*Ali Mushaima milita en la oposición bahreiní.

Fuente: http://english.al-akhbar.com/content/west-conspires-against-bahrain-while-exploiting-syria 

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