“El Martirio en el Altar de la Adoración”

“El Martirio en el Altar de la Adoración”

QOM (ABNA) — La batalla de Nahrawân llegó a su fin y ‘Alî (P) regresó a Kufa, pero un grupo de los jawâriÿ que en Nahrawân se había arrepentido, comenzó nuevamente a balbucear su oposición y disponiendo los pilares de la fitnah y la sedición. ‘Alî (P) les envió un mensaje invitándoles a pacificarse, y les advirtió respecto a oponerse al gobierno, pero, debido a que perdió las esperanzas de guiarles, puso en fuga por la fuerza a ese grupo audaz e insurrecto, y finalmente mató e hirió a algunos y otros escaparon. Uno de los jawâriy que logró huir fue ‘Abdurahmân ibn Mulÿam, que pertenecía al clan de Murâd, quien se fugó hacia La Meca.

Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) — Los jawâriy que huyeron dispusieron a la ciudad de La Meca como centro de sus actividades y tres personas de entre éstos, llamados ‘Abdurrahmân ibn Mulÿam Murâdî, Bark ibn ‘Abdillah AtTamîmî y ‘Amr ibn Bakr At-Tamîmî56 se reunieron una noche y analizaron la situación de aquellos días y los derramamientos de sangre y guerras internas, rememorando el suceso de Nahrawân y sus muertos en aquel día. Finalmente llegaron a la conclusión de que los responsables de todo ese derramamiento de sangre entre hermanos fueron: ‘Alî ibn Abî Tâlib (P), Mu‘awiah y ‘Amr ibn Al- ‘Âs, y que si estas tres personas fueran quitadas de en medio los musulmanes sabrían qué hacer y elegirían un Califa que fuera de su agrado. Así, estos tres jawâriÿ hicieron un pacto y lo enfatizaron jurando que cada uno se comprometía a asesinar a una de aquellas tres personas. Ibn Mulÿam fue el encargado de asesinar a ‘Alî (P), ‘Amr ibn Bakr el responsable de matar a ‘Amr ibn Al-‘Âs, y Bark ibn ‘Abdillah se haría cargo de la muerte de Mu‘awiah. Esta confabulación fue urdida secretamente en La Meca, y a fin de que las tres personas lleven a cabo su propósito en el mismo momento, designaron para ello la noche 19 del bendito mes de Ramadán, dirigiéndose cada uno a la ciudad correspondiente para llevar a cabo su cometido. ‘Amr ibn Bakr se dirigió a Egipto para matar a ‘Amr ibn Al-‘Âs, Bark ibn ‘Abdillah partió hacia Sham (Siria actual) para dar muerte a Mu‘awiah e Ibn Mulÿam se dirigió hacia Kufa . Bark ibn ‘Abdillah en Sham fue a la Mezquita, y en la noche señalada se situó en la primera fila de la oración, y cuando Mu‘awiah estaba prosternado le atacó con su espada, pero, por su estado de temor y pánico, su espada erró, y en vez de incrustarse en la cabeza de Mu‘awiah lo hizo en su pierna, donde le abrió una profunda herida. Lo llevaron inmediatamente a su casa a donde quedó bajo cuidado. Cuando trajeron al atacante ante Mu‘awiah, éste le preguntó: “¿Cómo tuviste el coraje de hacer esto?”.

Le respondió: “¡Que el Amír me perdone para que le dé buenas nuevas!”. Mu ‘awiah dijo: “¿Cuáles son tus buenas nuevas?”. Bark dijo: “Uno de mis socios esta noche ha matado a ‘Alî, y si es que no me crees, mantenme detenido hasta que te llegue dicha noticia, y si es que no fue matado, yo me comprometo a ir y matarlo y luego volver hacia ti”. Mu‘awiah lo dejó con vida hasta que le llegó la noticia del asesinato de ‘Alî (P), y una vez que se cercioró de la veracidad de tal noticia lo dejó ir, pero según otra narración, lo mató en ese mismo momento. ‘Amr ibn Bakr también, en esa misma noche, en Egipto, se dirigió a la Mezquita y se situó en la primera fila de la Oración.

Incidentalmente, aquella noche a ‘Amr ibn Al-‘Âs le afligió una fiebre intensa y por su dolencia e indisposición no pudo asistir a la Mezquita, así que envió a Jâriÿah ibn Hanîfah (Hudhâfah) para dirigir la oración. ‘Amr ibn Bakr lo mató a él en vez de ‘Amr ibn Al-‘Âs, y cuando supo ello, dijo: “Yo quería la muerte de ‘Amr y Dios la muerte de Jâriÿah”. En cuanto a ‘Abdurahmân ibn Mulÿam Murâdî, en el día 20 del mes de Sha‘bân del año 40 de la hégira llegó a Kufa. Se dice que, debido a que ‘Alî (P) se enteró de su llegada, dijo: “¿Acaso llegó? Ciertamente que fuera de ello, no me queda ninguna otra cosa por hacer, y ahora llegó el momento”. Ibn Mulÿam residió en casa de Ash‘az ibn Qais durante un mes y cada día, por medio de afilar su espada, se preparaba . Allí conoció a una mujer llamada Qutâm -que también era de entre los jawâriÿ- de quien se enamoró. Según una transmisión de Mas‘ûdî, Qutâm era prima de Ibn Mulÿam, y su padre y hermano habían muerto en el suceso de Nahrawân. Qutâm era una de las mujeres más bellas de Kufa e Ibn Mulÿam la vio y le propuso matrimonio. Qutâm le dijo: “Acepto con todo gusto tu propuesta de matrimonio, con la condición de que me des de dote lo que te pida”. ‘Aburahmân dijo:

“¡Dime a qué te refieres!”.

Qutâm, que lo vio sometido, le pidió una gran dote y le dijo: “Tres mil dirham, un sirviente y una sirvienta, y la muerte de ‘Alî ibn Abî Tâlib”. Ibn Mulÿam le dijo: “¡No creo que me quieras y me sugieras matar a ‘Alî!”. Qutâm le dijo: “Tú intenta sorprenderlo. En caso de que lo mates, ambos habremos tomado venganza y viviremos felices, y si mueres en el intento, la recompensa de la otra vida y aquello que Dios ha acopiado para ti serán mejor y más duradero que las bendiciones de este mundo”. Ibn Mulÿam respondió: “¡Sabe que no he venido a Kufa sino con ese mismo cometido!”
Qutâm dijo: “Haré que te acompañen unas personas de mi clan para que te ayuden en este trabajo”. Es así que hizo que lo acompañara otro hombre de entre los jawâriÿ de Kufa llamado Wardân ibn Maÿâlid, que pertenecía a la mismo clan Tîm Ar-Rabâb. Ibn Mulÿam, que estaba decidido a matar a ‘Alî, se encontró con uno de los jawâriÿ llamado Shabîb ibn Baÿrah, que pertenecía al clan Ashÿa‘ y le dijo: “¿Acaso buscas la grandeza en este mundo y en el otro?”. Preguntó: “¿A qué te refieres?”.

Dijo: “Ayúdame a matar a ‘Alî ibn Abî Tâlib”. Shabîb dijo: “¡Que tu madre se lamente por tu muerte! ¿Acaso no estás enterado de los servicios, antecedentes y sacrificios de ‘Alî en épocas del Profeta (Bpd)?”.

Ibn Mulÿam le dijo: “¡Pobre de ti! ¿Acaso no sabes que él sostiene el mandato de las personas sobre la Palabra de Dios y mató a nuestros hermanos orantes? Debido a ello, para vengar la sangre de nuestros hermanos en la fe, lo mataremos”. Shabîb aceptó e Ibn Mulÿam preparó una espada que empapó con veneno letal, tras lo cual, se dirigió a la Mezquita de Kufa en el momento prefijado. Estas dos personas se encontraron allí con Qutâm, quien estaba allí el día viernes 13 del mes de Ramadân realizando el retiro espiritual, y ésta les dijo a ambos que Muÿâshi‘ ibn Wardân ibn ‘Alqamah se ofreció también a ayudarlos. Cuando llegó el momento de llevar a cabo su siniestro cometido Qutâm ató sus cabezas con pañuelos de seda, y cada uno tomó su espada y pasaron la noche junto a todos aquellos que estaban en la Mezquita, sentándose al frente de una de las puertas de la Mezquita conocida como Bab As-Siddah.

El Imam (P) en la noche de su martirio

El Imam ‘Alî (P) en el mes de Ramadán de ese año continuamente anunciaba respecto a su inminente martirio. Incluso un día a mediados del mes, cuando estaba subido en su púlpito, tomó con sus manos su bendita barba y dijo: “La más miserable de las personas teñirá estos pelos con la sangre de mi cabeza”. Dijo también: “Llegó el Mes de Ramadán, el líder de los meses. En este mes se dará una transformación en la situación del gobierno. Sabed que este año vosotros llevaréis a cabo la Peregrinación en una fila (sin Emir), y señal de ello es que yo no me encontraré entre vosotros” . Sus compañeros decían: “Por medio de sus palabras está anunciando su propia muerte, pero no nos percatamos de ello” . El Imam ‘Alî, en los últimos días de su vida, cada noche se dirigía a la casa de uno de sus hijos. Una noche rompía el ayuno en la casa de su hijo Hasan (P), otra en la de su hijo Husein (P), y otra en la de su yerno ‘Abd-ullah ibn Ÿa‘far, esposo de Zeinab (P), y no se servía más de tres bocados de comida. Uno de sus hijos le preguntó la razón por la que comía tan poco. El Imam (P) le respondió: “La orden de Dios está cerca, y yo deseo que mi estómago esté vacío. No resta más que una o dos noches”. Luego, en esa misma noche recibió el golpe de muerte .

En la noche de su martirio estaba invitado a romper el ayuno en casa de su hija Umm Kulzûm. Al momento del iftâr comió tres bocados y luego se entregó a la adoración, y desde el principio de la noche hasta el amanecer estuvo con un estado de ansiedad y agitación. A veces miraba hacia el cielo y observaba el movimiento de las estrellas, y cuanto más se acercaba la aurora, se incrementaba su excitación y ansiedad y decía: “¡Juro por Dios! Ni yo miento, ni aquel que me lo informó. ¡Ésta es esa misma noche que me prometieron para mi martirio!” . Esta promesa se la había dado el Noble Profeta (Bpd). ‘Alî (P) mismo narró que el Enviado de Dios (Bpd) al final de una Jutbah en la que explicaba la virtud y honor del Mes de Ramadán lloró:
“Le dije: ‘¿Por qué lloras?’

Dijo: ‘Por el designio que te espera a ti en este mes. Es como si viera, que estás rezando a tu Señor, y la persona más miserable de entre los primeros y los últimos, semejante al que desjarretó la camella de Zamûd, se levanta, y te propina un golpe en tu cabeza, tiñendo tu barba con sangre’”. Finalmente, esa terrible noche llegó a su fin y ‘Alî (P), en la oscuridad de la madrugada, se dirigió hacia la mezquita para realizar la oración. Los patos que había en la casa comenzaron a seguirle y se colgaron de su vestidura. Algunos quisieron alejarlos de él. Dijo: “¡Dejadlos!, puesto que son gritos a los que seguirán lamentos de duelo” . Imam Hasan (P) dijo: “¿Qué es ese mal augurio que das?”. Dijo: “Hijo mío, no es un mal augurio, pero mi corazón testimonia que hoy me matarán” . Umm Kulzûm se perturbó por las palabras del Imam (P) y dijo:

“¡Ordena que Ÿu‘dah vaya a la Mezquita a dirigir la oración!”. Hadrat ‘Alî dijo: “No se puede huir del decreto divino”. Así, sujetó fuertemente su cinturón, y mientras murmuraba estas estrofas, se dirigió a la mezquita:

“Sujeta fuerte tu cinturón para la muerte, Puesto que ésta te encontrará, Y no te aflijas por la muerte cuando ella venga a tu encuentro” . El Imam (P) ingresó en la mezquita y se erigió para dirigir la oración. Hizo el Takbîr y recitó la Sura Al-Fâtihah, y tras la recitación de las suras, se prosternó. En este momento, Ibn Mulÿam, mientras gritaba: “Lillahil hukm, lâ laka iâ ‘Alî” (que significa: “¡A Dios pertenece el mandato y no a ti, oh ‘Alî!), propinó un golpe sobre la bendita cabeza de ‘Alî (P) con su espada envenenada. Casualmente, este golpe dio en el mismo lugar que antes la espada de ‘Amr ibn ‘Abdûd le había pegado, y abrió la bendita cabeza de ‘Alî hasta la frente. El fallecido Sheij At-Tûsî, en “Al-Amâlî”, transmite otro hadîz del Imam ‘Alî ibn Mûsâ Ar-Ridâ (P), de sus padres, del Imam AsSaÿÿâd (P): “Cuando ‘Alî estaba prosternado (en suÿûd), Ibn Mulÿam le propinó un golpe sobre su bendita cabeza”.

El famoso exegeta shi‘a del Corán, Abûl Futûh Ar-Râzî, transmite en su “Tafsîr”: “En la primera rak‘ah de la oración en la que Ibn Mulÿam lo golpeó, Alî recitó once aleyas de la Sûra Al-Anbiâ’”. El famoso sabio sunnita Sibt ibn Al-Ÿauzî escribe: “Cuando el Imam se encontraba en el mihrâb, varias personas lo atacaron e Ibn Mulÿam le propinó un golpe78 y huyó inmediatamente junto a sus secuaces”. La sangre corrió sobre el altar de adoración desde la cabeza de ‘Alî (P) y tiñó su bendita barba. En este momento, Hadrat ‘Alî dijo: “Fuztu ua rabbil Ka‘bah” (¡He triunfado, por el Señor de la Ka‘bah!) Luego recitó la aleya: «Minhâ jalaqnâkum, ua fíhâ nû‘îdukum ua minhâ nujriÿukum târatan ujrâ» (De ella os hemos creado, a ella os haremos volver, y de ella os extraeremos otra vez). La gente corrió detrás de Ibn Mulÿam, y nadie se acercaba a él sin que éste lo golpeara con su espada. Luego, Quzzam ibn ‘Abbâs lo atacó y lo arrojó al piso. Cuando lo trajeron ante ‘Alî (P) le dijo: “¿Ibn Mulÿam?”.

Dijo: “Sí”. Cuando ‘Alî reconoció a Ibn Mulÿam le dijo a su hijo Hasan: “Cuida a tu enemigo, sacia su hambre y fortalece su cuerpo. Luego, si es que muero, hazle unirse a mí, a fin de que argumente con él ante mi Señor, y si permanezco con vida, o le perdonaré, o le aplicaré la ley del Talión”. Hasan y Husein -que la paz sea con ambos- junto a Banî Hâshim llevaron a ‘Alî a su casa. Nuevamente trajeron a Ibn Mulÿam ante ‘Alî. Amîr Al-Mu’minîn (P) lo miró y dijo:

“Si es que muero, matadlo, así como él me mató, y si permanezco con vida, ya veré que es lo que haré con él”

Ibn Mulÿam dijo: “Compré esta espada a mil dirham, y la envenené por otros mil dirham, así que, ¡si llega a traicionarme, que Dios Altísimo la destruya!”. En este momento, Umm Kulzûm le dijo: “¡Enemigo de Dios! ¿Mataste a Amîr Al-Mu’minîn?”. Y ese maldito dijo: “No maté a Amîr Al-Mu’minîn. Fue a tu padre a quien maté”. Umm Kulzûm dijo: “Espero que el Imam se restablezca de esta herida”. Ibn Mulÿam, nuevamente con insolencia dijo: “Veo que llorarás por él. Por Dios que le propiné tal golpe que si lo dividieran entre toda la gente de la Tierra los mataría a todos” . Trajeron un poco de leche para ‘Alî. Bebió un poco de ella y dijo: “Dad de beber de esta leche a vuestro prisionero y no lo molestéis”.

Cuando el Imam (P) recibió el golpe, los médicos de Kufa se reunieron alrededor de su lecho. Entre ellos, el mejor era Azîr ibn ‘Amr, quien trató las heridas. Cuando vio la herida ordenó que le trajeran pulmón de cordero que todavía estuviese caliente. Luego extrajo de ello una vena y la dispuso en la herida, y cuando la quitó, dijo: “¡Oh ‘Alî, haz tu testamento, puesto que este golpe alcanzó el cerebro y la curación no producirá efecto”. Ante ello, el Imam (P) requirió papel y tinta y escribió su testamento, dirigido a sus dos hijos Hasan y Husein (P). Aún cuando este testamento está dirigido a Hasan y Husein (P), en realidad es para toda la humanidad, hasta el final del mundo.

Narraron este testamento mencionando la cadena de transmisión, numerosos expertos en el hadiz e historiadores que vivieron antes y después de Seiied Ar-Radî . Naturalmente, el testamento original era más largo que el citado por el fallecido Seîed Ar-Radî en Nahÿ-ul Balâghah. Traemos a continuación parte del mismo: “Os recomiendo la piedad y el temor a Dios, y que no sigáis al mundo, aunque el mundo venga tras vosotros, y que no os lamentéis por aquello que perdáis del mundo. (Os recomiendo) decir la verdad y trabajar para obtener la recompensa (divina), y ser enemigo del opresor y auxiliador del oprimido. Recomiendo a mí mismo, a vosotros y a todos mis hijos y familiares y aquellos a quienes llegue mi testamento, la piedad y el temor a Dios, el orden de los asuntos, y reconciliar entre dos partes (enemistadas), puesto que escuché de vuestro abuelo (Bpd) que decía: “Reconciliar entre la gente es mejor que un año de oración y ayuno”.

¡Por Allah! ¡Por Allah! Atended a los huérfanos, no sea que a veces se encuentren saciados y otras hambrientos, no sea que perezcan en vuestra presencia, por efecto de haber sido desatendidos. ¡Por Allah! ¡Por Allah! Actuad correctamente en relación a vuestros vecinos, puesto que vuestro Profeta (Bpd) os ha recomendado respecto a ellos. Él siempre recomendaba en cuanto a los vecinos, al punto que pensábamos que pronto dispondría una parte de la herencia para ellos. ¡Por Allah! ¡Por Allah! No descuidéis al Corán. Que nadie os aventaje en cuanto a actuar de acuerdo a él. ¡Por Allah! ¡Por Allah! ¡Atended la oración!, puesto que constituye el pilar de vuestra religión. ¡Por Allah! ¡Por Allah! Respecto a la Casa de vuestro Señor, mientras estéis con vida, no la dejéis vacía, puesto que si es dejada vacía, no os será dada ninguna tregua y la aflicción divina os abarcará. ¡Por Allah! ¡Por Allah! Observad la lucha en el sendero de Dios con vuestros bienes, vidas y lenguas.

Y es un deber para vosotros fortalecer los lazos de amistad y amor. Y no olvidéis las dádivas y la munificencia, y sed precavidos en cuanto a daros la espalda y cortar las relaciones entre vosotros. No abandonéis el hecho de encomendar el bien y prohibir el mal, puesto que si así hacéis, los inicuos os dominarán, y después de ello, por más que supliquéis no se os responderá”.
Luego dijo: “¡Oh nietos de ‘Abd-ul Muttalib! no sea que tras mi martirio os sumerjáis en la sangre de los musulmanes y digáis: “Amîr Al-Mu’minîn fue matado”, y sea ésta una excusa para derramar sangre”. Sabed que al aplicar la Ley del Talión en cuanto a mí, solo deberéis matar a mi asesino. Observad el hecho de que, una vez que, a causa de este golpe yo haya muerto, propinadle solo un golpe, a fin de que sea un golpe por otro golpe, y no lo mutiléis, puesto que escuché del Enviado de Dios (Bpd) decir: “Absteneos de mutilar, ni siquiera a un perro salvaje”.

Los hijos del Imam (P) se habían sentado silenciosos, y mientras la tristeza y la pena oprimían sus gargantas, escuchaban las palabras confortantes y consoladoras de su padre. Al final de este testamento, el Imam se desvaneció, y cuando nuevamente abrió sus ojos dijo: “¡Oh Hasan! Tengo unas palabras contigo. Esta noche, es la última noche de mi vida. Cuando muera, hazme tú el baño del fallecido (gusl), amortájame y tú mismo sé el supervisor de los actos de mi amortajamiento y entierro. Realiza el rezo a mi cuerpo y entiérrame en la oscuridad de la noche, lejos de la ciudad de Kufa, ocultamente, de manera que nadie se informe de ello”.

‘Alî (P) permaneció vivo dos días, y en la noche del Viernes del día veintiuno del Mes de Ramadán del año 40, a la edad de 63 años, partió de este mundo. Su noble hijo, el Imam Al-Hasan (P) le hizo el baño mortuorio, rezó ante su cuerpo realizando siete takbîr, y luego dijo: “Sabed que luego de ‘Alî (P) no sé dirá siete takbîr ante el cuerpo de nadie más”. ‘Alî (P) fue enterrado en Kufa en un lugar llamado “Garâ” (actual Nayaf), siendo el período de su Califato de cuatro años y diez meses.

En elegía a ‘Alî

Tras el martirio del Imam (P), Hasan ibn ‘Alî (P) disertó, y tras alabar y elogiar a Dios, y enviar bendiciones al Profeta (Bpd) dijo: “Sabed que en esta noche murió un hombre al que no alcanzaron los primeros y las generaciones venideras jamás verán a alguien como él. Alguien que, cuando combatía, Yibra’îl se encontraba a su derecha y Mika’îl a su izquierda. ¡Juro por Dios! que falleció el mismo día que Moisés ibn ‘Imrân, el mismo día en el que Jesús fue elevado a los cielos, y en el que el Corán fue revelado. Sabed que no dejó tras sí ni oro ni plata excepto setecientos dirham que fueron ahorrados de su salario y con lo cual quería comprar un sirviente para su familia”. Luego Qa‘qâ‘ ibn Zurârah se puso de pie y dijo: “¡Que la complacencia de Dios sea contigo, oh Amîr AlMu’minîn! Juro por Dios que tu vida fue una llave para todo bien, y si la gente te hubiera aceptado, se hubieran saciado de comer de lo que se encontrara por sobre sus cabezas y debajo de sus pies (y los hubiera cubierto la bendición divina), pero ello desagradecieron la bendición y eligieron este mundo por sobre el otro”. De esta manera, los rayos repletos de destellos de la vida del hombre exaltado que fue parido en la Ka‘bah y martirizado en la Mezquita, se apagaron. Un hombre que, tras el Noble Profeta (Bpd), el mundo no ha visto uno igual ni verá jamás.

No hubo parangón para él ni en el yihâd ni en el sacrificio, ni en el conocimiento y sabiduría de los secretos de la existencia, ni en ninguna otra virtud, hasta el punto que su sagrada existencia fue un conjunto de opuestos que jamás se habían reunido en otra persona: En ti se reunieron cualidades opuestas, y por ello no se puede encontrar un igual para ti. Fuiste un hombre desapegado y gobernante, tolerante y valiente, temerario y piadoso, desprovisto y generoso…


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