Bajo presión de Estados Unidos y del primer ministro libanés, a instancias de Israel, Abbas recibió la exigencia de retirar los armamentos de los campamentos palestinos. Cumpliendo con este mandato, visitó el Líbano, se reunió con autoridades libanesas, pero no visitó los campamentos ni a los refugiados, quienes fueron columna vertebral de la revolución palestina en los años sesenta. Tampoco visitó el cementerio de Sabra y Shatila, donde descansan las víctimas del genocidio ocurrido en esos campos.
Abbas ha expulsado de Fatah a quienes se oponían a sus decisiones, reemplazándolos por leales a él, pero no necesariamente al pueblo palestino. Su plan de desarmar los campamentos del Líbano dejaría a los palestinos desprotegidos, vulnerables frente al Estado de Israel y aliados de derecha libanesa.
La presencia palestina en el Líbano no se limita a las armas: es una historia de más de 100 años. Muchas generaciones han nacido en suelo libanés, contribuyendo al desarrollo económico, educativo y cultural del país. Sin embargo, la gran mayoría de los palestinos en el Líbano no pueden ejercer muchas profesiones, pues se les prohíbe trabajar en 64 actividades fuera de los campos de refugiados.
Viven y trabajan en condiciones infrahumanas, cercados por el ejército libanés: entrar o salir de los campamentos requiere permiso militar.
La solución al problema de las armas debe discutirse dentro de un marco de negociación más amplio, que incluya derechos laborales, educación, seguridad social, propiedad y seguridad. Los palestinos en el Líbano son residentes temporales, porque todos anhelan el derecho al retorno a sus hogares y propiedades, robadas por Israel tras la expulsión de 1948.
Fuente: Editorial de la Unión Palestina de América Latina - UPAL, 25 de agosto de 2025.
17:25 - 2025/08/27
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