La niña, llamada Amalia, fue detenida junto a sus padres durante un registro realizado por las autoridades de inmigración el 11 de diciembre y retenida en un centro de Dilley, en Texas, una instalación remota, similar a una prisión, donde cientos de niños inmigrantes permanecen bajo arresto con sus padres.
La pequeña fue hospitalizada del 18 al 28 de enero debido a una insuficiencia respiratoria que ponía en peligro su vida y fue devuelta a la custodia en el centro de Dilley en medio de un brote de sarampión, según una demanda presentada por sus abogados.
La salud de la bebé se deterioró luego de que las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) le negaran la medicación diaria que le habían recetado los médicos, agrega la demanda federal presentada el viernes.
Por fin, tras nueve días de detención adicional Amalia y su familia fueron liberados el viernes debido a la petición de habeas corpus de emergencia presentada por sus abogados ante un tribunal federal, impugnando su detención prolongada.
“La bebé Amalia nunca debió haber sido detenida. Casi murió en Dilley”, declaró Elora Mukherjee, abogada de la familia, asegurando que la niña gozaba de buena salud antes de que los agentes de inmigración detuvieran a su familia en El Paso.
Mukherjee denunció que cientos de niños y familias detenidos en Dilley carecían de suficiente agua potable, alimentos saludables, oportunidades educativas o atención médica adecuada, y que debían ser liberados.
Defensores de los derechos humanos y expertos en pediatría han advertido que las condiciones en el centro son peligrosas para los niños pequeños.
Este se suma a otros casos de violencia contra inmigrantes indocumentados ocurridos durante el primer año del mandatario del presidente estadounidense, Donald Trump, cuya Administración es acusada de aplicar tácticas de mano dura e inhumanas contra inmigrantes, así como de violar órdenes judiciales al implementar su programa de deportaciones masivas.
Durante el despliegue de miles de agentes federales en el estado de Minnesota para una amplia ofensiva migratoria, agentes federales dispararon y mataron a principios de enero a dos estadounidenses, identificados como Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti.
En ambos casos, la Administración Trump ha seguido un patrón de difamar a la víctima, tergiversar los hechos y negarse a cooperar con los investigadores locales.
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