Nihaya al-Masri, madre palestina de 35 años que fue desplazada de Beit Hanún por los ataques de Israel y vive en Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, pasa cada día horas en la cola de una cocina benéfica para conseguir comida para su familia de 10 miembros. Tras seis horas de espera, regresa a su tienda con unos recipientes de arroz, lentejas y algo de pollo, una comida que es la única de su familia ese día. Pese a que ha pasado más de un año desde el anuncio del alto el fuego, el hambre sigue afectando a la vida cotidiana de muchos habitantes de Gaza.
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