En una narración luminosa, el Profeta Muhammad (PBUH) enfatiza de manera tan profunda el sacrificio del día de la Fiesta del Sacrificio (Eid al-Adha) que incluso ordena pedir dinero prestado para poder realizarlo; y él mismo realizaba dos sacrificios: uno en su propio nombre y otro en representación de aquellos miembros de su comunidad que anhelaban ofrecer el sacrificio pero no contaban con los recursos para hacerlo.
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