En la serie de declaraciones del Imam Mártir, Ayatolá al-Ozma Seyyed Ali Khamenei (que Dios tenga misericordia de él), sobre el Arbaeen Husseini, se presenta a los lectores una parte de sus palabras acerca del lugar y los mensajes del Arbaeen.
En el comportamiento del Imam Hussain (P), desde el momento en que partió de Medina hasta que fue martirizado en Karbala, se percibe esa misma espiritualidad, honor y orgullo, y al mismo tiempo, la servidumbre y sumisión absoluta ante Dios.
Y es así en todas las etapas. Aquel día en que le trajeron cientos, y quizás miles de cartas con este contenido: «Somos tus chiíes y seguidores sinceros, y te esperamos en Kufa y en Irak», él no cayó en la soberbia.
Allí, donde dio un discurso y dijo: «La muerte está trazada sobre los hijos de Adán, como un collar sobre el cuello de una joven», habló de la muerte. No dijo que haríamos esto o aquello.
No amenazó a sus enemigos ni tentó a sus amigos con la división de los cargos de Kufa. Un movimiento musulmán, acompañado de conocimiento, de servidumbre y de humildad, es aquel en el que todas las manos se extienden hacia él y le expresan devoción.
Incluso aquel día en Karbala, cuando fue rodeado junto a un grupo de menos de cien personas por treinta mil individuos de entre la escoria y los malhechores, y amenazaron su vida, la de sus seres queridos y la cautividad de sus mujeres y su familia, no se observó ni un ápice de ansiedad en este hombre de Dios, este siervo de Dios y este ser querido del islam.
Aquel narrador que relató los sucesos del día de Ashura, y que ha sido transmitido de boca en boca en los libros, dice: «Por Dios, nunca vi a alguien makthur». Makthur significa alguien sobre quien caen oleadas de dolor y tristeza; su hijo muere, sus amigos son destruidos, su riqueza desaparece y todas las olas de calamidad vienen hacia él. El narrador dice: «Nunca vi a nadie tan firme y valiente en medio de las cuatro olas de calamidad como Hussain ibn Ali (P); era el más firme de corazón».
En los diversos campos de batalla, en los campos sociales y en el campo de la política, el ser humano se encuentra con diferentes personas; aquellos que sufren diversas penas. El narrador dice: «Nunca vi a nadie en tal momento, con tantas calamidades, con un rostro tan alegre, decidido, lleno de voluntad y confiado en Dios como Hussain ibn Ali (P). Este es el honor divino.
El Imam Hussain (P) dejó este legado en la historia y la humanidad comprendió que debe luchar por un gobierno y una sociedad así; una sociedad en la que no haya vileza, ignorancia, cautiverio humano ni discriminación. Todos deben luchar por tal sociedad para que exista, y existirá, y es posible…».
Fuente: Discurso del Imam Mártir Ayatolá Seyyed Ali Khamenei (que Dios tenga misericordia de él) en los sermones de la oración del viernes de Teherán (15/04/2000).
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