Familia
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El hogar, un pequeño cielo; la mujer, el aire que respira la familia
La familia es la célula fundamental de la sociedad, y la mujer en ella es el aire que respira y la administradora del hogar, no una sirvienta forzada. El cariño, la dignidad y la ausencia de violencia son los derechos principales de la mujer, y la tutela del hombre (qawamiyya) es responsabilidad y respaldo, no afán de dominio. El tercer modelo de la mujer musulmana, ni oriental ni occidental, se configura con tres pilares coránicos: la afecto, la prenda mutua y la tutela responsable.
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El control del acceso al ciberespacio en la familia
Controlar el acceso de la familia al ciberespacio es indispensable para preservar la educación, la seguridad psicológica y la serenidad del hogar. Los versículos 6 de At-Tahrim, 30 de An-Nur y 21 de Ar-Rum señalan la responsabilidad de los padres en el cuidado, el control de la mirada y la preservación de la sakina (serenidad) familiar. La solución práctica consiste en la supervisión del contenido y del tiempo, el fomento del autocontrol, la responsabilidad y el fortalecimiento del vínculo afectivo, conforme a las orientaciones del Líder de la Revolución y a fuentes educativas.
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El respeto: un derecho mutuo entre padres e hijos
A veces suponemos que toda la responsabilidad de la familia recae sobre el hijo: debe respetar, obedecer, guardar silencio, soportar y nunca responder a sus padres. Pero, al mismo tiempo, puede ocurrir que un padre o una madre humille a su hijo, destruya su personalidad, discrimine entre él y sus hermanos, ignore sus necesidades afectivas o lo trate con dureza y violencia, justificando todo ello bajo el nombre de «educación». El islam no aprueba una educación así. El hijo también es un ser humano, dotado de personalidad, sentimientos, dignidad y derechos.
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La mujer: par del hombre en la creación de un paraíso llamado vida
La administración del hogar y la crianza de los hijos constituyen una función sagrada y especializada que sienta las bases de la salud psicológica y moral de la próxima generación, y su valor es equiparable al de cualquier otro rol social. El ámbito público requiere una presencia equilibrada y basada en la competencia de ambos sexos.
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El arte del vínculo: ¿por qué reparar una relación está por encima de cualquier acto de adoración?
La infidelidad no ocurre solo en el mundo exterior. Un descuido de varios días, una «frialdad calculada» o una mirada helada que parpadea en lugar de decir «te quiero» son formas de una «infidelidad emocional» encubierta. La diferencia entre el distanciamiento conyugal y el distanciamiento entre dos amigos radica en la «suspensión del vínculo de pertenencia». Un amigo puede decir «por ahora no nos veremos»; pero el marido y la mujer no tienen más remedio que seguir viviendo juntos. Esta convivencia forzada en el frío deja heridas que, más tarde, ni siquiera una disculpa profunda logra sanar.
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El lujo excesivo, ¿destruye la confianza entre esposo y esposa?
Hojjatoleslam wal-Muslimin Tarashion, especialista en temas de familia, afirmó que muchas de las presiones relacionadas con el lujo son producto de la mente de las propias parejas, y dijo: el comportamiento y la manera de ser de una persona desempeñan un papel mucho más importante en la estabilidad y permanencia de la vida matrimonial que la apariencia o los lujos del hogar.
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La mujer es socia de la riqueza, no una dependiente! El manifiesto del bienestar familiar en la escuela de el Imam Alí ibn Musa ar-Rida (PB)
El Islam no considera a la mujer como una simple invitada a la mesa, sino como una socia real de las bendiciones divinas en el hogar. En las enseñanzas de el Imam Alí ibn Musa ar-Rida (la paz sea con él), el bienestar de los miembros del hogar no es una elección ética, sino un deber que determina la frontera entre la fe y la ingratitud ante las bendiciones.
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Nuestro hijo y su resistencia a los lugares religiosos
Siempre que le decía: «Muhammad Hasan, ¿vamos a la husainía?», se oponía. Si llegaba a venir, ¡ay de quien se atreviera a saludarlo! Gritaba y lanzaba patadas hacia quien se acercara. Ya había pasado la etapa de ponerme roja de vergüenza. Poco a poco, todos entendieron que no debían decirle nada.
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El respeto al otro: el tesoro perdido que puede sanar nuestras relaciones
Respetar a los demás no es solo una norma de cortesía; es un puente que une corazones y hace florecer el cariño. Este principio resulta imprescindible tanto en la sociedad como en el calor del hogar.