Hojjatoleslam wal-Muslimin Tarashion, especialista en temas de familia, afirmó que muchas de las presiones relacionadas con el lujo son producto de la mente de las propias parejas, y dijo: el comportamiento y la manera de ser de una persona desempeñan un papel mucho más importante en la estabilidad y permanencia de la vida matrimonial que la apariencia o los lujos del hogar.
El Islam no considera a la mujer como una simple invitada a la mesa, sino como una socia real de las bendiciones divinas en el hogar. En las enseñanzas de el Imam Alí ibn Musa ar-Rida (la paz sea con él), el bienestar de los miembros del hogar no es una elección ética, sino un deber que determina la frontera entre la fe y la ingratitud ante las bendiciones.
Siempre que le decía: «Muhammad Hasan, ¿vamos a la husainía?», se oponía. Si llegaba a venir, ¡ay de quien se atreviera a saludarlo! Gritaba y lanzaba patadas hacia quien se acercara. Ya había pasado la etapa de ponerme roja de vergüenza. Poco a poco, todos entendieron que no debían decirle nada.
Respetar a los demás no es solo una norma de cortesía; es un puente que une corazones y hace florecer el cariño. Este principio resulta imprescindible tanto en la sociedad como en el calor del hogar.
Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad contemporánea son los divorcios prematuros y numerosos, que a menudo no guardan relación con factores económicos. Las fluctuaciones en las estadísticas de divorcio en cualquier sociedad reflejan el grado de solidez o fragilidad de las bases familiares en dicha sociedad.