29 junio 2026 - 09:59
fuente: khamenei.ir
Mensaje del Líder de la Revolución Islámica con motivo de la Semana del Poder Judicial

Su eminencia el ayatolá Seyed Moytabá Jameneí, en un mensaje con motivo de la Semana del Poder Judicial y del aniversario del martirio del ayatolá Beheshtí y sus compañeros, calificó la dignidad del Poder Judicial en el sistema de la República Islámica de Irán como la salvaguarda de los derechos del pueblo, el restablecimiento de los derechos públicos y de las libertades legítimas, la lucha contra la corrupción, la administración de la justicia, la aplicación de las penas establecidas por Dios y la supervisión del cumplimiento de la ley. Asimismo, tras subrayar que el pueblo ha de percibir los efectos de la transformación judicial en su vida cotidiana, hizo hincapié en que la reivindicación de los derechos conculcados a la nación iraní a causa de los crímenes internacionales cometidos en los años 2025 y 2026 se cuenta entre las cuestiones judiciales más importantes del país, y que los criminales de guerra de Minab y de Lamerd deben ser detenidos y castigados por los tribunales judiciales nacionales e internacionales. El texto íntegro del mensaje del Líder de la Revolución Islámica es el siguiente:

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

Expreso mis condolencias a toda la nación iraní y a la comunidad de los creyentes del Islam con ocasión de los días de la gente de Dios y del martirio del noble [Huséin], sangre de Dios —que las bendiciones de Dios sean con todos ellos—, y de sus leales compañeros.

El movimiento y el levantamiento del imam Huséin, emprendidos para establecer la verdad, reformar a la umma y enfrentar la opresión y la injusticia, constituyen la cumbre más elevada de la historia en la confrontación entre la verdad y la falsedad, y entre la justicia y la opresión, y encierra lecciones sumamente valiosas e inolvidables para todos los hombres libres del mundo. La sangre del Señor de los Mártires —la paz sea con él— recibe el nombre de «sangre de Dios», pues corre por las venas del mundo y engendra epopeyas vivificadoras. El movimiento y la Revolución Islámica de Irán, por ser una rama que dimana de esta misma fuente luminosa, ha de buscar siempre la consecución de los objetivos del levantamiento de Huséin. El siete del mes de tir (28 de junio) de cada año recuerda la figura eminente de la Revolución, aquel que, al asumir la jefatura del Poder Judicial, emprendió un esfuerzo incesante en esa dirección, hasta que, junto a un grupo de sinceros compañeros de la Revolución, bebió el néctar del martirio; y la inocencia de aquel, así como el número de setenta y dos mártires que lo acompañaban, constituyen una confirmación de que este sistema y sus arquitectos siguen la senda de Huséin.

La dignidad del Poder Judicial en el sistema de la República Islámica de Irán consiste en salvaguardar los derechos del pueblo y restablecer los derechos públicos y las libertades legítimas, en combatir la corrupción, administrar justicia, aplicar las penas establecidas por Dios y en supervisar el cumplimiento de la ley. El fruto del éxito en este camino, además de obtener la complacencia divina, será el fortalecimiento de la confianza del pueblo en este pilar del sistema. La expectativa legítima respecto de todos los poderes, los órganos y las instituciones responsables es que ajusten y reorganicen siempre su actuación conforme al nivel deseado por el sistema sagrado de la República Islámica y a la excelsa dignidad de la nación. En esta área, el Poder Judicial posee una posición excepcional —y, en verdad, insustituible— para corregir el rumbo de los asuntos y poner en movimiento a los demás sectores del sistema.  Esto exige, a su vez, la continuación del proceso de reforma y reconstrucción dentro del propio Poder Judicial. Ahora, la expectativa general de la sociedad es ser testigos de una insistencia práctica en este asunto en el desempeño del Poder Judicial, de manera que la transformación judicial pase de ser palabras registradas en el documento de transformación y en los planes y hojas de ruta, a una realidad efectiva, y que sus manifestaciones se hagan visibles en todos los ámbitos correspondientes, desde los despachos de los complejos judiciales y las salas de audiencia hasta los espacios públicos y el ambiente social. De tal modo que el pueblo perciba sus efectos positivos en su vida cotidiana, en la firmeza del enfrentamiento a todo tipo de corrupciones, en la reducción de la vulneración de derechos, en la celeridad en los procedimientos, en la mejora de la integridad y de la solidez de los fallos de los jueces, y en un acceso más fácil a los indicadores de justicia. Dentro de esta imagen del Poder Judicial, la aplicación de la justicia debe alcanzar un nivel tal que todo oprimido lo considere su refugio y que, en particular, quienes gozan de algún tipo de poder no se atrevan a vulnerar los derechos de los demás, que la puerta de las recomendaciones y de las intercesiones quede cerrada por completo en él, y que el tener conocidos en alguna de sus dependencias no se considere ventaja alguna.

Por supuesto, la restauración de los derechos de la nación no se resume en las cuestiones individuales y sus diversos derechos públicos y sociales; desde el derecho a la seguridad económica y el acceso equitativo a las oportunidades, hasta el derecho a disfrutar de manera justa de los bienes naturales, de un medioambiente sano, de las libertades legítimas y de una gobernanza eficiente; también se consideran cuestiones importantes para el desarrollo de la justicia.

Entre las cuestiones legales y judiciales más importantes que conciernen a toda la nación iraní en esta coyuntura es la persecución y la restitución de los derechos que le han sido conculcados a causa de los crímenes de los delincuentes internacionales, de los arrogantes y de los agresores mundiales, particularmente en los años 2025 y 2026.

Desde la sangre de los mártires inocentes de la Segunda y de la Tercera Guerras Impuestas hasta los daños y los daños físicos, psicológicos, materiales y morales infligidos a nuestro querido país y a cada uno de los miembros de la nación oprimida de Irán, —dentro y fuera del país—; desde los asesinatos de niños y los crímenes de guerra sin precedentes en Minab y en Lamerd hasta los ataques contra centros médicos y de servicios; desde las masacres de recién nacidos hasta la de venerables ancianos y —a la cabeza de todos ellos— el martirio de la figura incomparable, joya única de la época, el eminente Líder combatiente —que Dios eleve su noble rango espiritual—, cada uno de ellos constituye un expediente entre cientos e incluso miles de importantes casos judiciales que deben ser perseguidos con seriedad ante los tribunales judiciales nacionales e internacionales. Lo que es seguro es que los criminales deben ser detenidos y castigados por sus actos delictivos.

Un punto importante a este respecto es, en primer lugar, las confesiones e incluso la cínica jactancia de algunos de los dirigentes del enemigo estadounidense y sionista acerca de estos crímenes, lo que constituye sin duda un reconocimiento de culpabilidad y allanan el camino para la restitución de los derechos vulnerados de la nación. En segundo lugar, la atención y el empeño en ejecutar la orden dada por el Líder mártir de la Revolución en su último encuentro con los funcionarios judiciales, en junio del año pasado, relativa a la investigación de los crímenes cometidos en la Segunda Guerra Impuesta, exige hacerla extensiva a la Tercera Guerra Impuesta y su persistente seguimiento hasta la obtención de la sentencia y la encomienda de su ejecución a elementos idóneos. Esta medida impedirá, a su vez, que esta clase de crímenes se repita.

Por supuesto, para tener éxito en el camino de la transformación judicial integral y acelerar en mayor grado la consecución de los objetivos mencionados, se requieren diversas medidas y condiciones, las cuales —en su mayor parte— han sido han sido reiteradamente expresadas en los encuentros anuales con los funcionarios judiciales y en las recomendaciones y énfasis detallados del eminente Líder mártir —exaltado sea su noble espíritu—. Este servidor hace hincapié en que se les preste la debida atención y se realicen los esfuerzos necesarios para alcanzarlos, lo cual se considera clave para el éxito de los honorables funcionarios del poder judicial.

El camino hacia la consecución de la justicia y luchar contra la opresión y la corrupción es un arduo camino, que se allanará con la pureza de intención y la confianza en Dios, con la observancia de la piedad en su grado más elevado, con motivación y voluntad firmes, con esfuerzo redoblado, con valentía y determinación, con iniciativa y con el aprovechamiento adecuado de las nuevas tecnologías y de la digitalización inteligente de los procesos. La realización de todo ello, con la venia de Dios y bajo el amparo de la gracia del Imam de la Justicia Esperada, nuestro maestro [el Mahdi] — que Dios Altísimo apresure Su noble manifestación—, se hará factible, si Dios quiere.

Seyed Moytabá Hoseiní Jameneí

28 de junio de 2026

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