En la cultura de la Ashura, la victoria no se limita únicamente a sobrevivir o alcanzar el triunfo militar; en ocasiones, la verdad se perpetúa mediante la sangre de los mártires y el mensaje de los cautivos. Por ello, el Imam as-Sayyad (P), tras Karbalá, presentó la permanencia del nombre del Noble Profeta (PB) como la prueba de que el levantamiento husainí había alcanzado una victoria eterna e imperecedera.
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