Agencia de Noticias AhlulBayt (ABNA):
El mismo miércoles, los bancos centrales de las dos mayores economías de América actuaron en direcciones contrarias. El Federal Reserve de Estados Unidos subió su tasa básica 0,25 puntos, hasta el 3,75%-4%. En Brasil, el Banco Central redujo la Selic también 0,25 puntos, del 14% al 13,75%.
La decisión estadounidense se produjo pese a las presiones de Donald Trump a favor de tipos más bajos. El presidente exige crédito barato, pero sus aranceles, la guerra comercial y la inestabilidad geopolítica generada por su política exterior alimentan la inflación. El FED respondió encareciendo el crédito ante una inflación que sigue por encima de la meta del 2%.
En Brasil, el recorte se justificó por el debilitamiento de la inflación y señales de desaceleración económica. El presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, mantiene una política gradual y cautelosa, desmintiendo las previsiones de que cedería a presiones políticas.
Un informe reservado de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), enviado a finales de agosto a la Presidencia, al TSE y al Ministerio de Justicia, elevó a “crítico” el riesgo de interferencia externa en las elecciones presidenciales de 2026. El documento, revelado por Folha de S.Paulo, habla de una “tendencia de escalada de presión sobre Brasil”.
Según la ABIN, una de las prioridades del segundo gobierno de Trump es reforzar la influencia estadounidense en América Latina y reducir el peso de China sobre activos estratégicos y riquezas naturales de la región. Brasil, por su defensa de la autonomía, se ha convertido en blanco de presiones y represalias.
Desde mayo se intensificaron las acciones: la clasificación de organizaciones criminales brasileñas como terroristas y sanciones contra personas y empresas vinculadas, según Washington, a redes de lavado de dinero. Estas medidas afectan el acceso al dólar, las operaciones internacionales y pueden generar sanciones secundarias.
El informe destaca el papel de Marco Rubio, secretario de Estado, cuyas declaraciones atribuyen directamente a Lula la responsabilidad de las medidas comerciales estadounidenses. La ABIN identifica en Rubio un componente ideológico orientado a alejar a los países de la región de China y favorecer gobiernos alineados con Washington.
En octubre de 2025, Estados Unidos presentó a Brasil una propuesta de declaración conjunta que pedía permitir la participación de “disidentes políticos” en las elecciones de 2026. Lula calificó el documento de “archivo muerto” y rechazó cualquier pretensión sobre las riquezas minerales brasileñas.
El profesor Gunther Rudzit, de la ESPM, advierte que Brasil se encuentra “prácticamente cercado”. Washington se aproxima a gobiernos de derecha en Paraguay y Ecuador, y negocia con Bolivia. El alto mando militar brasileño observa con preocupación posibles acciones en las fronteras porosas de la Amazonía.
Rudzit sostiene que el gobierno brasileño opera con un “software antiguo” y debe reconocer que la realidad de las relaciones con Estados Unidos ha cambiado. El combate al narcotráfico, afirma, responde a una demanda consolidada de la sociedad estadounidense.
Brasil inicia un recorte gradual de una de las tasas de interés reales más altas del mundo, mientras enfrenta, según su propia inteligencia, una presión externa creciente sobre su proceso electoral y su autonomía estratégica.
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