15 junio 2009 - 19:30

Damasco, la capital de la República Arabe Siria, es una de las ciudades más antiguas del mundo. Se destaca por su belleza y hospitalidad. Escritores asiáticos y europeos coinciden al afirmar que Damasco es como “un paraíso en que el forastero olvida su patria”. Durante los últimos días del actual mes musulmán de Shaban, los sirios y sus hermanos egipcios, libaneses y palestinos, se preparan para celebrar el Ramadán, mes sagrado en el Islam.

Los medios de comunicación informaron recientemente sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Siria y Líbano. Los presidentes Bashar al-Assad, de Siria y Michel Suleiman, de Líbano, dieron instrucciones a sus cancilleres para que adopten todos los pasos necesarios en esa dirección. El pueblo sirio recordó que siempre ha mantenido relaciones fraternas con sus hermanos libaneses. Esos vínculos históricos superan ampliamente a los acuerdos diplomáticos.

Siria y Líbano formaban la Gran Siria al comenzar el pasado siglo XX, pero los intereses económicos de los imperialistas se impusieron por la fuerza y dividieron la gran nación. Una conferencia internacional celebrada en París en 1919 decidió separar a Siria de Líbano. Hace 65 años y después de varias luchas anticolonialistas, sirios y libaneses presionaron a Francia para que les permitiera realizar elecciones libres. Más allá de los resultados electorales obtenidos en 1943, los pueblos de Líbano y Siria decidieron estar unidos para apoyar las mejores causas árabes como la defensa de Egipto, Palestina y Yemen.

Hace tres años un grupo de hermanos musulmanes reunido en la mezquita Mustafá Mahmud de la capital egipcia reflexionaba sobre los problemas de la región, justamente durante un mes de Ramadán. Era noviembre del año 2005 y el gobierno de Estados Unidos reiteraba sus amenazas a Siria. El imán Alí Gummaa comentaba: “Aunque Siria se halla bajo amenaza directa, los líderes árabes son incapaces de acordar una estrategia común para salvar a este país”.

Siria ha estado bloqueada económicamente, pero no ha podido ser aislada en la comunidad internacional, porque el pueblo sirio goza de la amistad y simpatía de egipcios, iraníes, iraquíes, libaneses, jordanos, palestinos, turcos, integrantes del Movimiento de Países No Alineados, hombres y mujeres que en todo el mundo desean justicia, paz y prosperidad.

Ha transcurrido medio siglo desde cuando Gamal Abdel Nasser, presidente de la República Arabe de Egipto llamó a la unidad árabe contra el imperialismo. En aquellos años, Nasser tuvo el apoyo de palestinos, sirios y yemenitas, de manera particular, así como de pueblos y organizaciones árabes, además del movimiento revolucionario mundial. Desde el triunfo revolucionario cubano, en 1959, La Habana ha sido sede de diferentes encuentros a favor de los árabes y de la causa palestina.

En la Guerra de los Seis Días (1967) los sirios perdieron la Meseta Altos del Golán, ocupada ilegalmente por tropas israelíes. La causa siria por recuperar dicho territorio ha sido debatida en la Liga Arabe y también en la Organización de Naciones Unidas. “Las condiciones de vida de los ciudadanos sirios empeoran día a día como resultado de las prácticas israelíes que les obligan al desplazamiento, confiscan sus granjas y amplían los asentamientos”, explicó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Siria durante un informe presentado el pasado mes de julio a la ONU.

Ramadán, mes de la fraternidad y la justicia, servirá a los sirios para reflexionar acerca de su presente de lucha conectado a un pasado de glorias y compromisos por la causa árabe y en el caso de los musulmanes por su deber de seguir extendiendo la solidaridad a los palestinos, iraquíes, afganos y en general a todos los integrantes de la Umma, comunidad musulmana, en el mundo entero.

No podemos olvidar que uno de los objetivos del gobierno estadounidense actual es derrocar a Bashar al-Assad, para privatizar la economía de Siria; inmediatamente después imponer un régimen pro-estadunidense en Líbano y cortar la ayuda solidaria del pueblo sirio a los combatientes de la resistencia iraquí que luchan contra los invasores.

Los musulmanes tienen la obligación de ayudar y solidarizarse con sus hermanos, sobre todo cuando éstos afrontan problemas y amenazas. Siria ha recibido el apoyo de los gobiernos de Irán y Qatar. Es necesario defender su territorio, las mezquitas y la fe, como los principales recursos del pueblo sirio en su lucha permanente por mejorar a su patria y dar testimonio ante Allah, el creador.

La mayoría del pueblo sirio desea vivir en paz. El país árabe ha sido formado en los valores de la fraternidad. Los musulmanes no deben obedecer a imperialismos ni a gobiernos tiránicos. Retomar los principios islámicos en Siria y en toda la región árabe y del Golfo Pérsico conducirá a los pueblos a la victoria. Seguir el ejemplo bondadoso del profeta Muhammad, para construir sociedades justas y hermanas.

Así como muchos americanos, africanos, asiáticos y europeos “olvidan sus patrias” al visitar las bellezas de Damasco con su Mezquita Omeya, las casas señoriales, los palacios y la cortesía de los sirios, los musulmanes olvidan muchas de sus aspiraciones terrenales al entrar en Ramadán y sumergirse en las oraciones, meditaciones y reflexiones, a través de nuevas lecturas del Sagrado Corán y de Los Cuarenta Hadices, donde se relatan sucesos de la vida del profeta Muhammad.

Estados Unidos e Israel, principalmente sus gobernantes y quienes los apoyan deben recordar que la paz en Oriente Medio podrá construirse a partir de la salida de tropas invasoras en Irak y Afganistán; la suspensión de sanciones a Irán y Siria; la creación de un Estado palestino con su capital en la sagrada Jerusalén y el retiro total de los territorios ocupados en 1967 por Israel, entre ellos los Altos del Golán sirio. ¡Venceremos! Paz y bendiciones.