Un alto el fuego parecido alcanzado en enero del año pasado se rompió durante el mes sagrado después de que Israel violara unilateralmente la tregua y reanudara sus ataques. Este año, las familias de más de 72.000 palestinos asesinados en los implacables bombardeos israelíes desde octubre de 2023 se ven obligadas a afrontar el Ramadán en un gran vacío de dolor, pérdida y reuniones destrozadas.
«No hay ninguna diferencia real entre el Ramadán actual y el Ramadán durante la guerra. La única diferencia es que han cesado algunos de los asesinatos y el derramamiento de sangre», declaró Siad Dhair, un palestino desplazado del norte de Gaza, a Middle East Eye desde su tienda de campaña improvisada en el campo de refugiados de Nuseirat.
Para Dhair, la ausencia de sus seres queridos es lo que define el mes sagrado de este año. «Hemos perdido los encuentros con las personas que amamos. Hoy no me queda nadie. Sigo desplazado del norte de Gaza y no tengo hermanos ni amigos aquí. Todos mis amigos han sido martirizados, sólo me queda uno. De mi familia, las personas más queridas han sido martirizadas».
A pesar de la relativa tregua en los bombardeos a gran escala, los ataques no han cesado por completo. Durante los dos primeros días del Ramadán, el ejército israelí mató a dos palestinos e hirió a otros cuatro en toda la Franja de Gaza. Desde el acuerdo de alto el fuego de octubre, al menos 603 palestinos han muerto y otros 1.618 han resultado heridos, según el Ministerio de Salud de Gaza.
Para muchas familias, el alto el fuego ha alterado la intensidad de los ataques, pero no la realidad del dolor, el desplazamiento y las comunidades destrozadas que siguen marcando la vida cotidiana en Gaza.
«Durante el Ramadán, antes de que comenzara la guerra en 2023, solíamos colgar adornos, comprar comida y postres y ver series sobre la celebración. Hoy en día, nada de eso existe», continuó Dhair. «Nuestra vida en una tienda de campaña es muy elemental y apenas encontramos amigos a los que desearles Ramadán mubarak. Solíamos invitarnos unos a otros al iftar. Hoy en día, todo lo que tengo son recuerdos.»
Dhair añadió que el Ramadán no puede ser lo mismo, ni siquiera con el alto el fuego, ya que sigue sin poder volver a su barrio. «La guerra no ha terminado. Ni siquiera puedo llegar a mi casa. No puedo verla porque se encuentra en una zona en la que tenemos prohibido entrar y que sigue ocupada», dijo. En virtud del acuerdo de alto el fuego, Israel ha impuesto la «línea amarilla», una zona militar de acceso prohibido que les ha permitido controlar aproximadamente el 58% de Gaza.
Um Mohamad Abu Qamar, residente desde hace mucho tiempo en el campo de refugiados de Yabalia, se ve obligada a pasar este Ramadán en una tienda de campaña improvisada en el centro de Gaza. «El primer día del Ramadán fue triste porque no estaba en mi casa», dijo la mujer de 50 años. Además del profundo dolor que le causa el desplazamiento, pasa este Ramadán sin sus dos hermanas y sus dos yernos, que murieron en los ataques israelíes.
Fuad Hiyasi, originario de la ciudad de Gaza, comparte el mismo dolor. «En cuanto anunciaron que se había avistado la luna creciente del Ramadán, se me llenaron los ojos de lágrimas», contó. Este Ramadán, los mercados tienen estantes repletos de productos, pero para muchos siguen estando fuera de su alcance. «Llevo dos años y medio sin trabajo. No puedo permitirme los precios actuales. Por eso dependemos de los comedores sociales», dijo Hiyasi.
Aunque el acuerdo de alto el fuego estipulaba la entrada de unos 1.500 camiones de gas, solo llegaron 307 camiones, lo que cubre aproximadamente el 20% de las necesidades. Muchas familias dependen de la leña para cocinar. «La situación actual es más dura que la hambruna que sufrimos durante el Ramadán de los dos últimos años», afirmó Hiyasi.
Este texto fue escrito por Maha Hussaini y Mohammed al-Hajjar, de Middle East Eye, y traducido del inglés por Sinfo Fernández.
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