27 abril 2026 - 00:09
fuente: Abna24
Haaretz: Israel busca crear una "Legión Extranjera" para mitigar su aguda crisis de efectivos

El diario hebreo Haaretz ha revelado el análisis de un plan estratégico que contempla la creación de una división integrada por mercenarios y voluntarios extranjeros. Esta medida busca solventar el déficit crítico de personal que asfixia al aparato militar israelí frente a sus crecientes desafíos regionales.

Agencia de Noticias AhlulBayt (ABNA): El analista israelí Sami Peretz ha publicado un extenso artículo en "The Marker" (suplemento económico del diario Haaretz) donde desglosa la propuesta de establecer una división militar extranjera. Esta iniciativa surge como un intento desesperado por paliar la carencia de combatientes, derivada de la firme negativa de los sectores ultraortodoxos (haredíes) a cumplir el servicio militar, el agotamiento físico y psicológico de los reservistas y la insostenible prolongación del servicio de las tropas regulares.

Sin embargo, la relevancia de esta columna no reside solo en lo insólito de la propuesta, sino en cómo desnuda una crisis estructural profunda: el resquebrajamiento del concepto de "ejército del pueblo".

Peretz subraya que los arquitectos de este plan no son figuras marginales, sino el profesor Efraim Inbar, presidente del Instituto de Jerusalén y referente del ala conservadora, junto al general de brigada de la reserva, el Dr. Sasson Hadad, exasesor financiero del Estado Mayor. La implicación de estas figuras de alto perfil técnico y político sugiere que el proyecto es una estrategia deliberada para eludir el conflicto social con los haredíes en lugar de buscar una solución política de fondo.

La radiografía de la crisis que presenta el autor es demoledora: una comunidad ultraortodoxa que rechaza las filas, una reserva militar al límite de su capacidad operativa y un contingente regular cuyo tiempo de servicio se extiende sin que ello logre cubrir los vacíos en el frente.

El núcleo del plan consiste en reclutar individuos de diversas nacionalidades, profesionalizar su riesgo mediante salarios y delegar en ellos misiones de combate, patrullaje y seguridad. Peretz plantea un dilema ético y existencial: la transición de la "importación de mano de obra" a la "importación de fusiles". El autor cuestiona de forma incisiva si la seguridad nacional puede ser objeto de privatización, tal como se ha hecho con otros sectores de la economía.

"Si hace tiempo claudicamos en la lucha por el trabajo hebreo, ¿por qué nos aferramos al mito del ejército hebreo?", inquiere Peretz, recordando que la esencia del sionismo se fundamenta en una fuerza militar autónoma e identitaria.

A pesar de que Inbar y Hadad sostienen que el apoyo extranjero no contradice los ideales sionistas, Peretz argumenta que este razonamiento es una cortina de humo para ocultar la parálisis política del gobierno ante los privilegios de los haredíes. Además, el autor pone en tela de juicio la supuesta rentabilidad del plan, advirtiendo que los costes de logística, vivienda y compensaciones podrían superar a los de las fuerzas de reserva nacionales.

El peligro más insidioso, advierte el columnista, es que la externalización de la guerra reduzca la presión social sobre el gabinete israelí. Al no tratarse de ciudadanos nacionales, las bajas en combate no generarían el mismo impacto ni el mismo duelo en la opinión pública. No obstante, lanza una advertencia histórica: cualquier atrocidad cometida por estas tropas será responsabilidad exclusiva de Israel, citando como precedente la oscura memoria de lo ocurrido en Sabra y Chatila en 1982.

El artículo concluye con una sentencia amarga: la creación de una división extranjera no es una solución, sino el síntoma de una fractura interna irreversible. Un Estado que teme exigir el deber a sus propios ciudadanos y prefiere buscar soldados de alquiler evidencia que el colapso de su cohesión social es ya una realidad latente.

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