SANÁ, Yemén (Agencia de Noticias Ahlul Bait -P-). Miles de yemeníes salieron ayer a las calles de Saná para pedir un cambio de gobierno, inspirados en las manifestaciones que derrocaron al presidente tunecino y se han extendido a Egipto esta semana.
Testigos estimaron que alrededor de 16 mil personas se concentraron en cuatro partes de Saná, en la manifestación más grande desde una ola de protestas que afectó a Yemen la semana pasada. Los manifestantes prometieron escalar la movilización a menos que se cumplan sus demandas.
“La gente quiere un cambio de presidente”, gritaron las personas congregadas en la Universidad de Saná, que demandaron mejores condiciones de vida en Yemen, el país más pobre del mundo árabe y en el que casi la mitad de sus 23 millones de habitantes vive con menos de dos dólares al día y una tercera parte sufre desnutrición crónica.
El presidente Alí Abdullah Saleh, un aliado clave de Estados Unidos en la guerra contra el resurgente brazo yemení de Al-Qaeda, dirige el empobrecido país de la península arábiga desde hace 30 años. “Sin demoras, sin demoras, el tiempo de la partida ha llegado”, gritaban los manifestantes, en referencia a Saleh, cuyo gobierno, aquejado por la corrupción, tiene poco control fuera de la capital y cuya principal fuente de ingresos, el petróleo, podría acabarse en una década.
La policía dispersó a porrazos manifestaciones en las provincias sureñas de Dali y Shabwa. En la provincia de al-Hudaydah, un reducto de Al-Qaeda junto al mar Rojo, miles salieron a las calles. En el puerto sureño de Adén, un joven desempleado de 28 años se prendió fuego para protestar por las condiciones económicas y estaba en condición crítica en un hospital.
Manifestantes oficialistas también salieron a las calles, en apoyo del gobierno, pero eran muchos menos que los opositores. Las protestas, en las que no hubo actos violentos, se calmaron al anochecer, pero sus organizadores dijeron que habría más hoy, viernes.
Luego de la revuelta tunecina que terminó con la caída del presidente, Saleh ha intentando calmar el descontento de los yemeníes y la semana pasada propuso cambios constitucionales para limitar los mandatos presidenciales a dos periodos de cinco o siete años.
Esta semana también prometió subir el sueldo de los funcionarios y del personal militar en al menos 47 dólares al mes. Además, despachó fuerzas de seguridad a zonas clave de la capital y sus suburbios, para evitar disturbios.
El gobierno estadounidense respaldó el derecho de los yemeníes a manifestarse y a expresarse libremente.
El portavoz del Departamento estadounidense de Estado, Philip Crowley, dijo que su país intenta mantener “un Yemen unido, estable y próspero donde la sociedad civil, y no la red Al-Qaeda, pueda encontrar un espacio más amplio para desarrollarse”.
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