Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) —Es una acción sin precedentes, la Liga Árabe decidió suspender a Siria y pedir sanciones contra el país, un acto que, evidentemente huele a la influencia de Occidente y otros ejercitan los roles sobre quienes deberían ser los principales jugadores en lugar de simplemente ser influidos por otros. ¡Qué vergüenza!
No es difícil conjeturar que el movimiento es el preludio de una invasión militar encabezada por Estados Unidos en Siria al estilo de la guerra en Libia y de una eventual guerra en la región. No hace falta decir que la Liga Árabe habría actuado con sabiduría y prudencia calculada, si es que hubiera pensado en las consecuencias de tanta irracionalidad.
La decisión llega en un momento cuando el presidente Bashar al-Assad ha aceptado las reformas propuestas por la Liga Árabe.
Una declaración leída por el Primer Ministro qatarí, Hamad bin Yassem az-Zani, dijo que la Liga Árabe había decidido "suspender las actividades de las delegaciones de Siria en las reuniones de la Liga Árabe" y "para aplicar las sanciones económicas y políticas" contra Damasco.
Sheij Hamad dijo que la suspensión durará "hasta la implementación total [por Siria] del plan árabe para resolver la crisis aceptado por Damasco el 02 de noviembre".
En respuesta a este movimiento cargado de amenazas inminentes, decenas de miles de sirios salieron a las calles de Damasco, Alepo, Latakia, Tartus y Hasakeh para protestar por la medida que ellos ven como una clara traición a su país por la Liga Árabe.
Los hechos sobre el terreno sugieren que hay una demanda instando a las reformas sociales y políticas en el país, pero la situación no es tan mala en Siria como en otros países árabes [véase Arabia Saudí, Bahrein, Yemen...], donde la esperanza de reformas es igual a cero. Pedir reformas en algunos niveles es una cosa, pero exigir el derrocamiento del gobernante es un caballo de color diferente. En la situación actual de Siria, hay poca demanda para el derrocamiento del presidente Bashar al-Assad. Sin embargo, las potencias occidentales están pidiendo al presidente sirio su renuncia. La influencia de los medios de comunicación occidentales sobre la opinión pública internacional es tan poderosa que no están dispuestos a ver una mano extranjera manipulando los hechos.
Los informes revelan que los EE.UU. e Israel han contratado a elementos de Arabia Saudí y el Líbano apoyados por la fuerza del movimiento 14 de marzo con el fin de fomentar la tensión en el país, creando así una brecha entre el pueblo sirio y el gobierno. Washington está monitoreando cada movimiento con precisión minuto a minuto ya que el destino de Siria es políticamente de suma importancia para el imperio, ya que sirve como un aliado de Irán y constituye un peligro para el régimen sionista. De hecho, hay algunos partidos que siguen sus intereses en el país.
Además de Washington, quien acaricia la idea de derrocar al gobierno de Bashar al-Assad y la instalación de un régimen títere en Siria con el firme propósito de servir a los intereses del régimen sionista en la región, por otro lado los wahhabíes saudíes insisten en la caída del gobierno sirio. Para Washington e Israel, la expulsión de al-Assad asegurará a los dos regímenes como un punto de ventaja en el Medio Oriente para contener la influencia cada vez mayor de la República Islámica en la región y para los saudíes, que servirá como un propósito similar en un amplio ámbito de aplicación. De hecho, los wahhabíes saudíes aborrecen a los musulmanes shiítas y hacen todo lo posible para crear la 'Shiafobia' e 'Iranofobia' en el mundo.
Para los wahhabíes, los musulmanes shiítas y sunitas moderados no son más que infieles que deben ser sacrificados. Lo que ellos conciben de los musulmanes shiítas es de hecho una imagen horrible que no encaja en ningún órden lógico plausible. Este odio irracional se convierte en la principal motivación de los wahhabíes para participar en el atizamiento de los disturbios en algunas ciudades de la frontera de Siria que arroja pleno apoyo a Irán e Hezbolá. En una línea similar, los wahhabies saudíes están respaldando completamente al régimen dictatorial de Bahrein y en la eliminación de los musulmanes shiítas y la brutal trituración del levantamiento popular en el país. Este doble rasero en la política de Arabia Saudí merece la debida atención. Ellos apoyan al despótico régimen de Bahrein, que no escatima esfuerzos en la represión de los manifestantes pro-democracia que son asesinados a diario, mientras que por otro lado, financian y apoyan a los terroristas e insurgentes en Siria, para derrocar al gobierno. Parece que la democracia se define de manera diferente en diferentes contextos y situaciones.
Entre paréntesis, los wahhabíes saudíes mantienen un doble juego en sus relaciones con Washington e Israel. De hecho, tienen un sentimiento ambivalente hacia estos dos. Por un lado, los wahhabíes los tratan a ellos con odio y eliminan sus elementos bajo la influencia de su extremismo y por otro, entran fácilmente en alianza con los sionistas y los EE.UU. cuando el trío han tenido un enemigo en común en varias regiones del mundo.
Hay ocasiones en las que maravillarse de cómo los acontecimientos que suceden en el mismo lugar se tuercen para el beneficio de un grupo y de la pérdida de otro.
En cuanto a la interferencia de EE.UU. y la conspiración de los saudíes wahhabíes en Siria, o bien se debe optar por permanecer en la ignorancia o debemos abrir nuestros ojos a la realidad de las cosas con la duda y la renuencia superables.
© 2005-2011 AhlulBait News Agency. Todos los derechos reservados. Se autoriza la reproducción de esta noticia citando la fuente ABNA.ir
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Al Final / 112
No es difícil conjeturar que el movimiento es el preludio de una invasión militar encabezada por Estados Unidos en Siria al estilo de la guerra en Libia y de una eventual guerra en la región. No hace falta decir que la Liga Árabe habría actuado con sabiduría y prudencia calculada, si es que hubiera pensado en las consecuencias de tanta irracionalidad.
La decisión llega en un momento cuando el presidente Bashar al-Assad ha aceptado las reformas propuestas por la Liga Árabe.
Una declaración leída por el Primer Ministro qatarí, Hamad bin Yassem az-Zani, dijo que la Liga Árabe había decidido "suspender las actividades de las delegaciones de Siria en las reuniones de la Liga Árabe" y "para aplicar las sanciones económicas y políticas" contra Damasco.
Sheij Hamad dijo que la suspensión durará "hasta la implementación total [por Siria] del plan árabe para resolver la crisis aceptado por Damasco el 02 de noviembre".
En respuesta a este movimiento cargado de amenazas inminentes, decenas de miles de sirios salieron a las calles de Damasco, Alepo, Latakia, Tartus y Hasakeh para protestar por la medida que ellos ven como una clara traición a su país por la Liga Árabe.
Los hechos sobre el terreno sugieren que hay una demanda instando a las reformas sociales y políticas en el país, pero la situación no es tan mala en Siria como en otros países árabes [véase Arabia Saudí, Bahrein, Yemen...], donde la esperanza de reformas es igual a cero. Pedir reformas en algunos niveles es una cosa, pero exigir el derrocamiento del gobernante es un caballo de color diferente. En la situación actual de Siria, hay poca demanda para el derrocamiento del presidente Bashar al-Assad. Sin embargo, las potencias occidentales están pidiendo al presidente sirio su renuncia. La influencia de los medios de comunicación occidentales sobre la opinión pública internacional es tan poderosa que no están dispuestos a ver una mano extranjera manipulando los hechos.
Los informes revelan que los EE.UU. e Israel han contratado a elementos de Arabia Saudí y el Líbano apoyados por la fuerza del movimiento 14 de marzo con el fin de fomentar la tensión en el país, creando así una brecha entre el pueblo sirio y el gobierno. Washington está monitoreando cada movimiento con precisión minuto a minuto ya que el destino de Siria es políticamente de suma importancia para el imperio, ya que sirve como un aliado de Irán y constituye un peligro para el régimen sionista. De hecho, hay algunos partidos que siguen sus intereses en el país.
Además de Washington, quien acaricia la idea de derrocar al gobierno de Bashar al-Assad y la instalación de un régimen títere en Siria con el firme propósito de servir a los intereses del régimen sionista en la región, por otro lado los wahhabíes saudíes insisten en la caída del gobierno sirio. Para Washington e Israel, la expulsión de al-Assad asegurará a los dos regímenes como un punto de ventaja en el Medio Oriente para contener la influencia cada vez mayor de la República Islámica en la región y para los saudíes, que servirá como un propósito similar en un amplio ámbito de aplicación. De hecho, los wahhabíes saudíes aborrecen a los musulmanes shiítas y hacen todo lo posible para crear la 'Shiafobia' e 'Iranofobia' en el mundo.
Para los wahhabíes, los musulmanes shiítas y sunitas moderados no son más que infieles que deben ser sacrificados. Lo que ellos conciben de los musulmanes shiítas es de hecho una imagen horrible que no encaja en ningún órden lógico plausible. Este odio irracional se convierte en la principal motivación de los wahhabíes para participar en el atizamiento de los disturbios en algunas ciudades de la frontera de Siria que arroja pleno apoyo a Irán e Hezbolá. En una línea similar, los wahhabies saudíes están respaldando completamente al régimen dictatorial de Bahrein y en la eliminación de los musulmanes shiítas y la brutal trituración del levantamiento popular en el país. Este doble rasero en la política de Arabia Saudí merece la debida atención. Ellos apoyan al despótico régimen de Bahrein, que no escatima esfuerzos en la represión de los manifestantes pro-democracia que son asesinados a diario, mientras que por otro lado, financian y apoyan a los terroristas e insurgentes en Siria, para derrocar al gobierno. Parece que la democracia se define de manera diferente en diferentes contextos y situaciones.
Entre paréntesis, los wahhabíes saudíes mantienen un doble juego en sus relaciones con Washington e Israel. De hecho, tienen un sentimiento ambivalente hacia estos dos. Por un lado, los wahhabíes los tratan a ellos con odio y eliminan sus elementos bajo la influencia de su extremismo y por otro, entran fácilmente en alianza con los sionistas y los EE.UU. cuando el trío han tenido un enemigo en común en varias regiones del mundo.
Hay ocasiones en las que maravillarse de cómo los acontecimientos que suceden en el mismo lugar se tuercen para el beneficio de un grupo y de la pérdida de otro.
En cuanto a la interferencia de EE.UU. y la conspiración de los saudíes wahhabíes en Siria, o bien se debe optar por permanecer en la ignorancia o debemos abrir nuestros ojos a la realidad de las cosas con la duda y la renuencia superables.
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