15 junio 2009 - 19:30

La noticia, según publicaba este periódico el pasado lunes, está en que la Junta Islámica de España, presidida por el cordobés Mansur Escudero, está en trámites para traducir y publicar ese libro en árabe, con el patrocinio del Liderazgo Popular Islámico Mundial, una de las principales organizaciones islámicas internacionales.

Lo afirmaba muy en serio doña Luisa Álvarez de Toledo, la duquesa de Medina Sidonia, recientemente fallecida, en su libro «África versus América». La noticia, según publicaba este periódico el pasado lunes, está en que la Junta Islámica de España, presidida por el cordobés Mansur Escudero, está en trámites para traducir y publicar ese libro en árabe, con el patrocinio del Liderazgo Popular Islámico Mundial, una de las principales organizaciones islámicas internacionales. La tesis no es nueva y desde las páginas de Internet de Identidad Andaluza y la Web Islam.

Para la duquesa de Medina Sidonia, peculiar donde las haya, el Descubrimiento de América fue pura y llanamente una conquista violenta de tierra ajena, disimulada bajo la gloria de un descubrimiento, y se procedió a rescribir la historia, empezando con los mapas supuestamente ya existentes de América realizados por los andalusíes, en los que se mandó cambiar el nombre de los lugares conocidos y sustituirlos por otros, con la idea de hacer creer que eran recién descubiertos, a lo que sumó la quema de mapas americanos ordenada por los Reyes españoles en varias ocasiones, para borrar así las huellas del pasado.
¿Llegaron musulmanes españoles a las costas americanas en el siglo XII? Pues no lo sé, pero es que, aunque así fuera qué más da. También lo hicieron los vikingos -y eso sí está constatado con yacimientos arqueológicos en Terranova (Canadá)- antes, en el siglo X y nadie discute la paternidad a Colón y a España, porque el Descubrimiento resulta mucho más que un hallazgo, es un proyecto de más viajes, de asentamientos perdurables, de creación de rutas fluidas, de mezcla de sangres y de entrega de la cultura española y europea a los pueblos de América.
Tiene su cuota de provocación la pretensión de atribuir el Descubrimiento al Islam, pretendiendo arrebatar ese mérito a la Cristiandad y, posiblemente y tal como están los tiempos, reivindicando ciertos derechos sobre aquellas tierras. En algunos lugares se justifica que no quede ningún resto de esa presencia islámica porque los gobernantes castellanos se dedicaron a borrarla, mezquitas incluidas, allí donde la encontraron. Ajustando cuentas con la historia o pretendiendo hacer historia-ficción no se producen encuentros de civilizaciones ni se acortan las distancias que nos separan.
Nadie discute los grandes adelantos náuticos experimentados en Al Ándalus, gracias a los Omeyas, pero de ahí a obsesionarse, sin mayores pruebas, con apuntarse el tanto del Descubrimiento del Nuevo Mundo va un trecho. Sabiduría de los Templarios (mutados en la Orden de Cristo) portugueses desde la Escuela de Sagres, legado tecnológico andalusí, pericia y arrojo de los marinos andaluces, tenacidad de Cristóbal Colón aferrado a todos sus secretos y la apuesta de los Reyes Católicos, son las claves del Descubrimiento de América, no otras y no hay que darle más vueltas. Esa suma de herencias forjaron a España y lograron abrir una nueva ruta.