Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) - Tres días después del comienzo de las extendidas protestas, el 14 de febrero de 2011, en Bahrein, comenzaron también a protestar en la mencionada Provincia Oriental que se encuentra a media hora de distancia en coche, tras cruzar un amplio puente que une Arabia Saudí con Bahrein. No es de extrañar, quizás, que el Ministerio de Interior saudí, amenazara con aniquilar las protestas “con puño de hierro” y que haya llevado a cabo una campaña de distorsión de la información sobre las protestas y sobre los shiíes en general. Mientras que durante el verano disminuyeron las protestas, éstas comenzaron de nuevo en octubre, y fueron las de mayor intensidad hasta entonces. Lo que causó el giro por parte de las fuerzas de seguridad a una mayor severidad que nunca antes se había mostrado.
Este giro represivo supuso, junto con el mensaje característico que recuerda al discurso de Bashar al-Assad en Siria, un desafío peligroso de la reciente política exterior saudí. Las protestas de la gente en la Provincia Oriental influyeron de manera decisiva en las protestas en Siria. Y si el reino saudí no tiene nada que ver con la reforma en cuanto a la seguridad en la zona ¿cómo pudo permitirlo y luego emprender seriamente la defensa de la democracia en Siria? La severas medidas de seguridad adoptadas en Arabia Saudí y en Bahrein han contribuido para dar pie a los movimientos políticos de los shiíes en el Líbano y en Irak; un discurso estratétégico útil para alejar a sus adversarios. La Provincia Oriental reúne casi la mayor parte del petróleo saudí, y es donde están refugiados la mayoría de la minoría shií; su población oscila entre los dos millones y medio y los tres millones, aproximadamente, lo que supone el veinte por ciento de la totalidad de los habitantes de Arabia Saudí. El sistema llevado a cabo fue el wahhabí (salafista) de la rama del islam sunní que gobernó el estado de manera especialmente agresiva contra los shiíes los cuales sufrían la segregación religiosa, la discriminación de los partidos gubernamentales y todo tipo de marginación.
A lo largo de décadas se ha levantado una oposición que ha unido a todos los shiíes, creada con miembros shiíes saudíes, izquierdisas e islamistas, junto a cientos de manifestantes encabezados por personalidades shiíes, que reclaman: poner fin a la discriminación que sufren sus partidos en lo concerniente a los temas esenciales del gobierno en cuanto a representatividad y funciones, incluyendo esto a nivel ministerial; un desarrollo más grande de las zonas shiíes; refuerzo del poder judicial shií; poner fin a las detenciones indiscriminadas que realmente sufren los shiíes por causas políticas y religiosas. Estas peticiones no desean minar, en gran medida, el lugar que ocupa la familia real saudí, ni amenazarla. Sino por el contrario, reforzarán el sistema político actual y comprarán la lealtad de tres millones de personas a quienes controlan el sector del petróleo en el Reino. Desde el año pasado, se ha incluido la petición también de la liberación y la excarcelación de los presos políticos shiíes [que según informes de organismos de DD.HH., serían más de 30.000 personas] y la retirada de las tropas saudíes de Bahrein, o por lo menos negociar una solución al conflicto en ese país, junto con una serie de reformas políticas más amplias en Arabia Saudí. El gobierno prometió a los jóvenes activistas que las quejas serían atendidas en abril de 2011. Por ello cesaron las protestas en respuesta a la invitación de los altos clérigos shiíes saudíes. Pero el régimen no solo no cumple sus promesas sino que en verano responde con más represión, a pesar de haber liberado a algunos presos que fueron detenidos durante las protestas que tuvieron lugar desde febrero hasta abril de 2011. Por lo que la situación sigue siendo tensa y más aún, a partir del asesinato de cuatro shiíes que fueron abatidos a tiros en noviembre. La ceremonia de sus funerales se convirtió en una manifestación en contra del régimen de al-Saud, que reunió a más de cien mil participantes. El reconocimiento de esta discriminación sistemática ha supuesto durante décadas a algunos ciudadanos shiíes saudíes crear ideologías revolucionarias. Esta no es la más influyente entre los shiítas saudíes, y ha abandonado, en gran medida, la violencia como arma política, desde mediados de los noventa, por lo menos, pero la respuesta de Arabia Saudí, sigue siendo represiva con las protestas, y esta política de no hacer concesiones supone un caldo de cultivo para los grupos de oposición en el futuro. Con lo que es probable que se repita el mismo escenario político shií que se dio después del año de 1979, cuando cientos de jóvenes shiíes de Bahrein y de la zona oriental de Arabia Saudí, se convirtieron en activistas en los movimientos revolucionarios de la región. Pero las protestas en Bahrein no han tenido difusión, especialmente en al-Qatif , salvo el interés limitado de canales contrarevolucionarios del golfo como Al-Jazira o Al-Arabiya; se vio dañada la visión shií de esta zona en el canal Al-Alam, respaldada por Irán y en lengua árabe, se ha visto dañada la visión shií de esta zona; y lo mismo en el canal Al-Manar, el canal libanés del Hezbolá, o el canal Ahlul Bait de la televisión iraquí, u otros canales pro-sirios; con el fin de conocer las últimas posiciones en sus zonas, la nueva guerra fría de Oriente Medio se ha convertido en una completa guerra mediática, apareciendo medios de comunicación a favor de las protestas en Bahrein, al-Qatif o las protestas en contra del gobierno del presidente Assad, y los medios que se muestran a favor de Siria y claramente opuestos a las supuestas protestas sectarias de Bahrein o al-Qatif.
No es el caso en lo concerniente a los shiíes saudíes que permanece en secreto. En este contexto se ha emitido el informe anual y se ha llevado al Ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense y al Congreso sobre la Libertad Religiosa Internacional celebrado durante la segunda mitad de 2010, es decir en el periodo inmediatamente anterior a la primavera árabe, antes también de las detenciones indiscriminadas, el cierre de mezquitas y el encarcelamiento de fieles shiíes. Los cables diplomáticos estadounidenses publicados por Wikileaks han revelado que los diplomáticos estadounidenses y, en particular, el personal del Consulado de Dhahran poseen gran cantidad de información sobre los grupos chiies de la zona, y han señalado que parece casi de “locos” por la cantidad de quejas que había sobre la violación de la legitimidad. Pero los problemas específicos de los shiíes saudíes no se cuestionan, la mayoría de las veces, en las reuniones de alto nivel con los altos funcionarios saudíes. Esto no se debe sólo a la sólida coalición entre Arabia Saudí y las Naciones Unidas; a los yankis, a veces, les asaltan dudas que les penetran profundamente algunos regímenes aliados suyos, y eso les pasa con los shiíes del Golfo. Y también, en parte fue lo que les sucedió a raíz de la voladura de las Torres Khobar en 1996 que acabó con la vida de diecinueve soldados americanos. Desde 1996 se han detenido nueve ciudadanos shiíes que no pertenecían al presente Hizbulá del Hiyaz, que fueron quienes participaron en las voladuras. Estos presos fueron condendos en 2001 en los Estados Unidos. Cuando cambiaron las prioridades de la politica exterior de los Estados Unidos después del 11 de septiembre, estos casos han quedado olvidados. Las pruebas presentadas contra los fieles shiíes que les asociaba con Hizbulá libanés no revelaron nada evidente . En ese periodo, algunos americanos arremetieron en contra de Irán en respuesta a los bombardeos. Pero después del 11 de septiembre, se empieza a señalar a al-Qaida como el causante de estos atentados, lo que plantea preguntas sobre las detenciones de estos presos.
El secretismo con el que se ha llevado este tema ha contribuido a crear un clima de desconfianza hacia el Estado y ha generar sospechas de los miembros de las familias de los detenidos y de los grupos shiíes saudíes a mayor escala. Este año los manifestantes han vuelto a sacar el tema de los nueve presos, y han levantado fotos de ellos pidiendo su liberación, destacan en este empeño familiares de los presos. Estuvieron presentes en la campaña de protestas llevadas a cabo delante del Ministerio de Interior en Riad, por los familiares de los presos políticos que fueron detenidos bajo sospecha de pertenecer a al-Qaida, que a diferencia de aquellos presos, estos no pueden esperar hoy en día, la sumisión de la rehabilitación como se les propone en uno de los programas gubernamentales encaminado a desarraigarlos del radicalismo que muchos demuestran. Por consiguiente, reclamar, por lo menos, un juicio público, tiene justificación. Esto lo han respaldado repetidas veces “Human Rights Watch” y Amnistía Internacional. Pero parece que un juicio así no está en la agenda de la política exterior de los Estados Unidos.
Por medio de la disposición de la directiva saudí, es posible que con la escisión, se moderase la parte básica de la legitimidad (sharia) política saudí. Pero el régimen salafista saudí no quiere cambiar la situación shií, y utiliza las protestas shiíes para atemorizar a la mayoría sunnita. Durante muchos meses se han mostrado escenarios parecidos en los medios de comunicación serviles al Consejo de Cooperación del Golfo y esto a costa de que se produzca la división de los partidos más profundamente en lo estados del Golfo. Hay que mencionar en este contexto que la intervención del Consejo de Cooperación del Golfo en Bahrein ha originado un gran deterioro en las relaciones partidistas en el Golfo y fuera de él, hasta alcanzar niveles no vistos desde la revolución islámica iraní, aun sabiendo que anteriormente este partidismo abierto saudí tuvo consecuencias negativas tanto en Iraq, como en Siria, Líbano y Kuwait. A los shiíes les parece que Bahrein piensa que habrá años de conflictos partidistas ya que las relaciones entre los grupos se lastimaron totalmente, y por ello el régimen de la dinastía al-Saud ha organizado una campaña de “limpieza étnica” dicho por los activistas shiíes. En lugar de haberse ganado la completa enemistad de los shiíes, Arabia Saui y Bahrein deberían haber negociado un contrato social con ellos. Los dos países fracasarán en su intento, pues tantos años de inestabilidad dará un resultado incierto. Además es improbable que así se desalienten otras protestas shiíes saudíes, como ha señalado una reciente declaración publicada por los saudíes liberales de todas las partes del reino, que condena las estrictas medidas de seguridad en al-Qatif.
Para finalizar, Occidente debería ejercer presión sobre sus aliados, con Arabia Saudí y Bahrein a la vanguardia, para que pongan fin a los disparos hacia sus conciudadanos shiíes y para que cesen los arrestos y terminen de presentarles como agentes iraníes traidores. La insatisfacción de los jóvenes shiíes proporciona un caldo de cultivo ideal para el surgimiento de un nuevo movimiento de oposición shiíta en el Golfo. Incluso sin la ayuda externa de las manifestaciones shiíes locales, parece que la zona esté dispuesta a volver a las políticas sectarias de los años ochenta. Por lo tanto los Estados Unidos por su propio beneficio y por el beneficio de los Estados del Golfo, debe buscar una verdadera reconciliación entre los shiitas de Bahrein y Arabia Saudí y sus gobiernos, de lo contrario seguirá gobernando el sectarismo en la zona en detrimento de todos.
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