Una mujer se acercó al Noble Profeta (PB) y le preguntó por qué la virtud de la yihad, reservada a los hombres, no estaba prevista para las mujeres. En su respuesta, el Profeta (PB) consideró que la yihad de la mujer consiste en tratar bien a su esposo; es decir, que ella también puede, cumpliendo debidamente con su responsabilidad, alcanzar ese mismo camino de valor y de recompensa divina.
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